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El mundo es para recorrerlo, mejor en compañía. Y la vida… también.

Diario de viaje a Alaska y Canadá. Cruisetour D6T con Holland

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25-5-12 CAMINO DE ANCHORAGE EN EL MACKINLEY EXPRESS.

El día ha ido empeorando y convirtiéndose en totalmente nublado, con unas nubes muy negras y lluvia intermitente.

 En la estación cogimos de nuevo el McKinley Express, el tren en el que vinimos desde Fairbanks, que tiene los techos de cristal.

Vamos camino de Anchorage y tenemos ocho horas de camino por delante, entre otras cosas, por ser un tren turístico que lleva muy poquita velocidad. De Denali a Anchorage hay 240 millas de distancia.

 En el pequeño bar del vagón, no pararon de servir bebidas (pagando), y llevarlas a los asientos.

De nuevo, el guía-animador  con un micrófono, no paró de hablar de los sitios por los que íbamos pasando, o haciendo algún chiste que todos celebraban con enormes risotadas. Como muestra de su sentido del humor, cuándo el tren se detuvo frente a otro de iguales características, hizo que todos saludaran con el saludo del alce: las manos en las sienes, muy abiertas, y girándolas de un lado a otro, riéndose y haciendo comentarios. Teniendo en cuenta que la edad media del pasaje debe de ser de unos 55 años, nos resultó bastante llamativo.

 El paisaje ha sido impresionante durante la primera hora, hasta que hemos salido totalmente del parque Denali. Una cadena de montañas con nieve en jirones, como si con los dedos las hubieran hecho dibujos de arriba-abajo, y un bosque de piceas, finas, altas y verdes, alternando con zonas con nieve y otras de tundra seca y marrón del frío del invierno, con agua entre ellas, como si fueran zonas pantanosas.

Seguimos el curso del río Matanuska y, poco después, pasamos un cañón no muy profundo, pero llamativo.

En general, el paisaje ha sido de piceas, nieve, montañas nevadas, ríos grises, y nubes densas e impresionantes, o sea, el paisaje que relacionamos con la Alaska de películas y fotos.

Poco a poco fue cambiando, con árboles con hojitas y brotes primaverales, muy verdes, que hace poco debían de ser solo ramas; aunque las montañas nevadas siguen acompañándonos a izquierda y derecha. No sé si serán de la misma cordillera desde Denali, ahora más cercanas.

Comimos en el tren, y de nuevo tardaron mucho en llamarnos por la poca capacidad del restaurante. Pedimos: ensaladas y salmón plancha, con una salsita y verduras rehogadas (el salmón de Alaska, tiene mucho más color que el noruego; es muy naranja). Nos costó 54 dólares.

Hace un día bastante nublado pero, cuando sale el sol, refleja en la cúpula de cristal, a pesar de tener un trozo tintado.

 El animador siguió hablando, hablando, hablando…

 Pasamos por una zona de árboles altos, con hojitas nuevas, y un río con aguas grises y rápidas, de las perfectas para hacer rafting. Alrededor, de nuevo, zonas pantanosas.

Vamos por un territorio salvaje, sin habitantes, no nos habíamos cruzado con ninguna casa o pueblo tres horas después de haber salido.

Continuamos en paralelo a un río con rápidos, en un paisaje que me trajo a la memoria una película de Marilyn Monroe, en que ella se enfrenta, en estas tierras (creo), junto a un padre y su hijo, a montones de adversidades hasta que, al final, se queda con ellos después de superar ataques de todo tipo. Quizás ni siquiera es en Alaska, pero la memoria es así a veces…

(Era la película “Río sin retorno”, con Robert Mitchum y una Marilym maravillosamente joven y guapa,  que no está rodada en Alaska, sino en Canadá, en los Parques Nacionales de Banff y Jasper, en Las Rocosas)

Pasamos por una casa y luego por una cabaña, en las que estaban dos grupos de familias pescando y, los dos, con rifles al hombro, imagino que por los osos.

El río pasó a la derecha y en algunos sitios era bastante ancho.

Leah, nuestra guía nos entregó, como siempre en los traslados de uno a otro punto, el sobre que contenía la información de la siguiente parada, y las llaves del hotel.

También durante el viaje se podía contratar las excursiones que se querían realizar con la naviera.

Nosotros contratamos la del “Crucero por los Fiordos de Kenai” que haríamos en Seward, la última ciudad del tour.

Llegamos a Anchorage a las 8 de la noche. El bus en el que nos llevaron hacia el hotel nos hizo un pequeño city tour,  para que, al día siguiente, nos orientásemos en el poco tiempo que íbamos a tener en la ciudad. Leah, es así de detallista.

Fue lloviendo de vez en cuando a lo largo del viaje, pero en Anchorage no llovía, aunque estaba muy nublado.

El hotel es un gigantesco Hilton. Tiene un edificio rectangular grande y una torre de 22 pisos, muy cerca de la estación del tren, y del mar. Tenemos la habitación 2161, en el piso 21, muy amplia, con una cama muy grande tamaño King, llena de almohadas y cojines;  una mesa de despacho con la TV y una cafetera; y un sillón de orejas, frente a la ventana, que tiene vistas de la estación, el puerto, el mar, y las montañas nevadas al frente.

Y, como siempre, nuestras maletas en la habitación cuándo llegamos a ella.

 

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Autor: viaja2/viaja2Photography

Me llamo Mariángeles, me gusta viajar, salir con nuestros amigos a recorrer la ciudad y cenar en algún sitio que aún no conozcamos, y cocinar nuevas recetas en las cenas que preparamos para ellos en nuestra casa. También la fotografía, pero soy un fotógrafo que aún no lo es por estar todavía aprendiendo. De todo ello trata este blog. Muchas gracias por visitarlo.

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