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Diario de viaje a Alaska. Cruisetour D6T

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29-5-12 CRUCERO PANORÁMICO POR GLACIER BAY.

Desde las 7 de la mañana estuvimos rodeados de montañas nevadas, mientras íbamos entrando por el canal hasta llegar a la zona de glaciares.

Desde que hace doscientos años el capitán G. Vancouver llegó a Glacier Bay, el gran muro de hielo del extremo norte de la gran bahía ha ido retrocediendo lentamente, dejando al descubierto un nuevo canal de 104 km. de longitud repleto de fiordos y entrantes. Se pueden llegar a ver focas, ballenas, marsopas, cabras, osos, águilas y las numerosas aves que habitan este territorio (texto del diario de a bordo de Holland).

Hacía mucho frío, estaba completamente nublado y llovía. En las cubiertas exteriores había que salir abrigadísimo para aguantar un rato allí. Es una pena la lluvia, ya que el frío se tolera bien bastante abrigado, pero la lluvia te impide, incluso, hacer fotos.

Como es tradición de HAL en Alaska, repartieron sopa Dutch Pea calentita a las 10,30 de la mañana, para contrarrestar el frío. Más que sopa era algo así como un puré de verduras con tropezones.

Excepcionalmente, durante ese día, se podía pasar a la proa, la zona que en todos los barcos es inaccesible para los viajeros y conforma todo el pico delantero del mismo. Allí sí que se está en primera fila para admirar el paisaje. Aunque también se nota más el frío, que te da directamente.

Hubo actividades organizadas todo el día, dirigidas a conocer el ecosistema de Glacier Bay. En el Crow’s Nest, el gran salón mirador de la cubierta 12,  representantes de la cultura Huna, los nativos de la zona, y los Rangers del Parque Glacier Bay, estuvieron dando conferencias, enseñando mapas, y respondiendo a todas las preguntas que se les hacían. En el teatro, a diferentes horas, los Rangers, con reportajes y vídeos narraron la visita, y representantes de la cultura Huna Tlingit, contaron sus historias y costumbres.

En el digital Workshop, el aula en la que todos los días dan cursos de internet, fotos y programas para el ordenador, estuvo dedicado el día para enseñar a conseguir mejores fotos de Glacier Bay, editarlas e, incluso, retocarlas para mejorarlas.

En la proa, había un Ranger con un gran prismático puesto en un trípode, que avisaba si veía algún animal y respondía a lo que se le quería preguntar.

Verdaderamente, todos los temas posibles relacionados con la geografía o la historia de la bahía, fueron comentados y enseñados de maravilla.

El paisaje es increíble: una cadena de montañas, algunas con árboles hasta el mismo filo del agua, y otras, la mayoría, rocosas y nevadas.

Estuvimos muchos ratos haciendo fotos, disfrutando de las vistas, y aprendiendo de toda la información que teníamos a nuestro alcance. De vez en cuando, nos quedábamos en la biblioteca, cómodos y calentitos, sentados frente a sus ventanales.

Cuando el barco estuvo frente al glaciar un buen rato, volvimos a sentir la necesidad de mirarlo sin parar. Pero aquí la distancia era mayor, ya que un barco tan grande no puede acercarse demasiado, y apenas se oían los desprendimientos que tanto impresionan. Aún así la experiencia volvió a ser inolvidable.

La pena es que siguió lloviendo continuamente.

En el Rotterdam, esa tarde hubo té servido con 10 variedades de cupcakes.

Y a las tres y media, otra tradición del día: Zambullida del Oso Polar: voluntarios sin miedo al frío, se metieron a la vez en la piscina exterior, a la que se le añadieron cubos de hielo, para darle más emoción al momento.

Y, después, chocolate caliente repartido en las cubiertas exteriores. En ellas había mantas, que abrigaban muchísimo, por si nuestros anoraks no eran suficientes. Sobre todo, para sentarse en las tumbonas.

Glacier Bay, tiene reglas gubernamentales estrictas para proteger su ecosistema y la vida salvaje. En el diario de a bordo, Holland informa de que sigue una estricta política de tolerancia cero para descargas mientras visitan Glacier Bay u otro puerto de Alaska, siguiendo todas las regulaciones para procesar deshechos y evitar derrames. Y pide que no tiremos nada por la borda.

El día fue pasando maravillosamente de una a otra actividad.

Cenamos en el Rotterdam:

-Copa de frutos rojos, (sandia, mango, uvas, moras…)

-Ceviche de calamares, vieiras y langostinos. Muy agradable.

-Sopa fría Vichysoie de patatas y nata. Excesivamente fría, pero buena de sabor.

-Sopa de buey. Quizás demasiado concentrada para nuestro gusto.

-Halibut con salsa de nata agria, sobre puré de patata y brócoli al dente. Regular

-Fideos con vieiras y almejas de Manila. Original.

-Helado de vainilla

-Pastel de arándanos

El Rotterdam es el restaurante general, en el que la atención y el servicio son inmejorables. El primer día, nos trajeron (recién impresa) la carta en español, y el resto pensaron que era mejor ofrecernos ayuda con alguno de los camareros que hablaban algo de español. Muy de agradecer, aunque afortunadamente, para elegir cena no teníamos grandes problemas con el idioma.

La actuación del teatro era tipo “comedy”, y ahí sí que el idioma era totalmente necesario, por lo que nos fuimos pronto.

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Autor: viaja2/viaja2Photography

Me llamo Mariángeles, me gusta viajar, salir con nuestros amigos a recorrer la ciudad y cenar en algún sitio que aún no conozcamos, y cocinar nuevas recetas en las cenas que preparamos para ellos en nuestra casa. También la fotografía, pero soy un fotógrafo que aún no lo es por estar todavía aprendiendo. De todo ello trata este blog. Muchas gracias por visitarlo.

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