Viaja2

El mundo es para recorrerlo, mejor en compañía. Y la vida… también.

Viaje a Venecia y Florencia. 24-11 al 1-12

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Domingo 25-11-12:

Nos levantamos pronto. Es la forma de poder aprovechar al máximo el día ya que a las 5 de la tarde se hace de noche. Dormimos aceptablemente aunque el colchón es demasiado duro

Desayuno buffet en el salón-comedor. Es un porche acristalado perfectamente, con una temperatura muy buena; decorado elegantemente y con unas vistas que, sólo por ellas, merece la pena alojarte en el hotel. Continuaba con bastante niebla y las vistas tuvimos que recordarlas de las otras veces que hemos estado. Aunque tiene acceso directo al jardín en los dos laterales, no se podía estar mucho tiempo en él, ya que hacía bastante frío.

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El bufett es correcto (zumo de cuatro clases; agua mineral con y sin gas; leche fría; jamón de york, queso en lonchas finas, salchichón; huevos duros; dos clases de pan con 2 tostadoras electricas; galletas y biscottes; crema de avellanas y queso de untar; tarta de melocotón y croisants, y en la mesa una bandeja de pequeños tarros de mermeladas y miel), pero el café es de polvos y está francamente malo.

Cogimos el vaporetto 5.1 en el Lido hasta Fondamenta Nuove, y allí el 12 hasta Mazzorbo y Burano.

Bajamos en Mazzorbo poca gente pues tiene poca fama. Es un pequeño pueblo, en una isla junto a Burano, con un canal en medio y un paseo muy agradable hasta su iglesia, a la que llegamos sin pensar ya que no habíamos leído nada de ella en ningún sitio, y de la que nos llevamos un grato recuerdo.

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Seguimos paseando hasta llegar al puente que conecta las dos islas y, por él, pasamos a Burano. El día seguía nublado y frío.

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Burano, como siempre, no decepciona, los llamativos colores de sus casas vuelven a calentar los ánimos, a pesar de la temperatura. Recorrimos el pueblo de uno a otro lado y pudimos comprobar que había bastantes turistas, aunque fuera de la calle principal, que bordea el canal, encontramos a muy poca gente.

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Comimos en un pequeño bar que hay junto a la parada de los vaporettos; creo que se llama Frito Inn, o algo así. Se puede comprar la comida para llevar o para tomarla en su terraza, en la que en verano se debe de estar estupendamente, pero el día no era como para sentarse afuera, y tuvimos que esperar que se quedara una mesa libre de las pocas que hay dentro.La carta, que nos cantó la camarera, tenía fritura de pescados, pasta con pescado, arroz de pescados,  bocadillos variados, y helados. Pedimos fritura mixta que tenía calamares, sardinas, algún pescado más y patatas fritas; bastante buena. Y un bocadillo de coteletta milanesa, bueno, pero el pollo hubiera necesitado más tiempo de cocina. Cerveza y coca-cola, 22 euros. Nos llamó la atención al llegar, por tener muy buena pinta los fritos, y resultaron buenos.

Vaporetto a Torcello (hay que mirar los horarios, ya que son menos frecuentes que para Murano y Burano).

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A pesar de ser una isla maravillosa, el inicio de lo que llegaría a ser Venecia, está practicamente deshabitada, aunque este año hemos encontrado un par de restaurantes bastante grandes que no estaban la otra vez que estuvimos. Las visitas tampoco son tan masivas como en Murano y Burano, aunque había gente.

Vaporetto a Murano, y allí paseo, paseo, paseo. Ya eran más de las 5,30,  la iglesia de San Pedro estaba cerrada y la de Sta. María y Donato, que cierra a las 6, nos la cerraron al llegar. Pensamos volver otro día para verlas.

Seguimos hasta Faro, y allí vaporetto hasta Fondamenta Nuove.

Caminamos hasta S. Marco, ya de noche cerrada, disfrutando de los canales y puentes. Nos llamó la atención el mimo y cuidado que ponen los venecianos en los llamadores de los porteros automaticos situados junto a las puertas de entrada de sus casas. Son de mármol y bronce, pulidos y brillantes y, a veces, verdaderas obras de arte.

Paramos en Bar Pasticceria Ballarin. Pastelería y cafetería- bar, con pequeña barra en la que, a esa hora, los venecianos estaban tomando el aperitivo de media tarde. Nos llamó la atención, desde el escaparate, al ver el color tan maravilloso que tenían las copas de Spritz y otros cócteles similares. Tomamos (como no!!) dos Spritz, buenísimos, con dos fuentecitas de patatas fritas, que nos costaron 2,50 cada uno. Había copas de un impresionante color rojo brillante y claro pero las nuestros resultaron ser de un color ambarino claro. Como los veíamos preparar, supimos que los que hacían con Campari eran rojos, y que los hechos con Aperol eran ambarinos.

San Marco estaba llena de gente, respiramos su ambiente y seguimos hasta S. Zacararia para coger el vaporetto al Lido. Estábamos agotados después de todo el día caminando.

Para hacer planes en Venecia hay que contar mucho con todo el tiempo que se llevan los desplazamientos en vaporetto. Aún así, en un día, se puede hacer bien la excursión de las islas de la Laguna saliendo pronto y planeando bien los vaporettos.

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Autor: viaja2/viaja2Photography

Me llamo Mariángeles, me gusta viajar, salir con nuestros amigos a recorrer la ciudad y cenar en algún sitio que aún no conozcamos, y cocinar nuevas recetas en las cenas que preparamos para ellos en nuestra casa. También la fotografía, pero soy un fotógrafo que aún no lo es por estar todavía aprendiendo. De todo ello trata este blog. Muchas gracias por visitarlo.

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