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Viaje a Venecia y Florencia del 24-11 al 1-12

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31-11-2012 Venecia. Acqua Alta.
Es nuestro último día en Venecia, y aparece totalmente lluvioso y con el mar bastante revuelto. En la sala de desayunos, que está junto al pequeño embarcadero del hotel, el agua da golpetazos y resuena a la vez que la lluvia que cae en sus cristales. Tiene mala pinta para seguir con nuestros paseos. Nos dicen que esa noche el “Acqua Alta” ha subido bastante, y que está previsto que a las 11 de la mañana alcance el nivel máximo de la que hay prevista para este día. Nos preparamos con los impermeables y con las botas de agua que nos habíamos traído por si acaso. Las botas las habíamos visto en casi todas las tiendas y kioskos de Venecia, y no eran más caras de lo que nos habían costado, en nuestra ciudad. Cogimos en vaporetto para S. Marco y nos bajamos en S. Zaccaria como siempre. Allí el agua estaba subiendo por momentos, bajamos directamente sobre pasarelas. Frente al Puente de los Suspiros, en la parada de góndolas, el agua había rebasado las aceras y llegaba a la entrada del Palazzo Ducale.

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Una vez en la Plaza de S. Marco era impresionante ver como el agua nos llegaba hasta los tobillos, primeramente, y poco después hasta tres dedos por debajo del borde de las botas de agua. Las sillas de las terrazas tenían el agua una cuarta más abajo que los asientos (en otra visita a Venecia, las sillas tenían el agua rozandolo). Increíblemente las gaviotas nadaban frente al campanile, y solo algunos decididos que llevaban botas de pesca que les llegaban a las ingles se adentraban hacia el centro. Había que probar y en la zona que más cubría empezamos a caminar, la sensación de que el agua (tremendamente fría) va subiendo sobre tus botas es inolvidable. Las arcadas de la plaza estaban totalmente inundadas, entrando el agua en algunas tiendas que, inexplicablemente, no tenían el tope de aluminio de unos 70 cm. de alto que sí tenían otras. Los cafés mantenían sus mesas afuera por la anécdota de la foto que todo el mundo se hacía sentado en ellas.

Hicimos una y otra foto, aunque me daba un poco de miedo que si me descuidaba me entrase agua en las botas y, por ello, iba andando despacio y más pendiente de ella que de las fotos. Seguía lloviendo y el tener que sujetar el paraguas complicaba la estabilidad, sobre todo si te cruzabas con alguien en las pasarelas que son estrechas.

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Llegamos hasta la Basilica de S. Marco, aunque la hemos visitado una y otra vez en cada uno de nuestros viajes a la ciudad, no podíamos irnos sin haber entrado de nuevo. Dejamos las mochilas en la consigna en una calle cercana, y entramos otra vez en un mundo mágico de mosaicos de oro y luces fantásticas por todas partes. El atrium estaba, como no, inundado, y  se entraba sobre pasarelas. No tuvimos que esperar ninguna cola, es lo bueno de ir en los meses de peor clima, pero dentro había muchos turistas. Menos mal que pudimos ir a nuestro aire y, no en una fila obligada como ocurre en otros meses del año.

La Basilica bizantina, es un edificio enorme y misterioso, y tanto un museo como una iglesia. Es, desde luego, un símbolo de la pasada gloria veneciana. Su fachada cubierta de mosaicos, mármoles y figuras góticas, impresiona.Los cuatro caballos situados sobre el pórtico principal son copias de los originales que se conservan en el Museo Marciano, en el piso superor de la basilica, desde dónde se puede admirar la basilica totalmente, con su planta en cruz griega, los mosaicos vistos de cerca, y las galerias de mujeres, en dónde ellas asistian a los oficios. La Loggia dei Cavalli (la terraza sobre la fachada principal) era en dónde el Dogo y sus visitantes observaban la Piazza), y toda una experiencia que merece la pena no perderse. Observar su pavimento de mosaico que más parece una alfombra oriental, si es posible, ya que en éstos meses está cubierto de alfombras que absorben el agua que se mete con los pies.

Seguía lloviendo y con el agua en su punto más alto cuándo salimos, recogimos las mochilas, y despacito, nos dirigimos hacia Los Mercados de Rialto, en dónde queríamos hacer las últimas compras de productos italianos, como alguna pasta original y algún preparado de arroz al vacío. También compramos unos ramos de pepperoni “muy picantes”, que son una preciosidad por sus tonos de rojo. Desde allí hacia Campo San Barnaba ,  en dónde queríamos comer en “Ristoteca Oniga”, un restaurante que en nuestra anterior visita nos había dejado buen recuerdo. Empezó a diluviar sin parar, y cada vez el caminar se hacía más dificil, ya que con el paraguas no puedes seguir bien las calles de tu ruta y es muy fácil perderse. Tanto que, después, de andar bastante rato,  de ir viéndo como uno tras otro cerraban tiendas y restaurantes, y como la gente desaparecía totalmente de las calles, nos desorientamos, y en algún giro de calle, en vez de seguir hacía el sur, seguimos hacia el norte. Se nos iba haciendo tarde para comer, y tras darnos cuenta, empezamos a fijarnos en trattorias desechando la idea de poder llegar al “Oniga”.

Al pasar por “Ristorante Pizzeria Vittoria”, en Santa Croce, nos llamó la atención el anuncio de cucuruchos de papel de estraza con calamares fritos, para llevar. Como no estaba el día para comer paseándo, entramos, y realmente acertamos. Pedimos de aperitivo una ración de calamares fritos, que nos pusieron en un plato grande y cuadrado, con unos pinchos de madera, en vez de tenedores, para cogerlos. Los calamares eran pequeñitos,  tiernos y crujientes, pues estaban fritos en un aceite limpísimo que les daba un bonito color dorado. Cada uno escogió una pizza: una de espinacas y queso, y otra de jamón y queso. Eran finas, doradas y hechas en el horno que estaba al fondo del restaurante. Verdaderamente buenísimas. Unas copas de vino blanco véneto, acompañaron estupendamente la comida.

Tras el descanso para nuestros pies, y el bienestar de una buena comida, volvimos a enfundarnos en toda la ropa de lluvia, y nos dirigimos hacia Ferrovía que estaba al lado. Allí subimos al vaporetto hacia el Lido, cansados de llevar paraguas y soportar tanta lluvia.

Directos al hotel ya que había que hacer las maletas para nuestro regreso a casa, al día siguiente.

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Autor: viaja2/viaja2Photography

Me llamo Mariángeles, me gusta viajar, salir con nuestros amigos a recorrer la ciudad y cenar en algún sitio que aún no conozcamos, y cocinar nuevas recetas en las cenas que preparamos para ellos en nuestra casa. También la fotografía, pero soy un fotógrafo que aún no lo es por estar todavía aprendiendo. De todo ello trata este blog. Muchas gracias por visitarlo.

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