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Cuzco-Valle Sagrado-Ollantaytambo: Ciudadela, pueblo inca y Hotel “El Sauce”

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Tras otra noche en el Del Prado Inn de Cuzco, en la que descansamos bien, salimos a las 8,30 de la mañana hacia el Valle Sagrado; Ollantaytambo en donde dormiríamos; al día siguiente tren hacia Aguas Calientes, y al otro día uno de los hitos de nuestro viaje: Machu Picchu.

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Desde Cuzco (3.400 msnm), por la carretera de Pisac (la misma en la que ayer habíamos visto Sacsayhuaman…), seguiríamos hasta Pisac (3.100 msnm), Calca, Yucay en dónde comeríamos, Urubamba y Ollantaytambo. No muchos kilómetros, pero muchos sitios interesantes.

La carretera estaba bordeada de eucaliptos traídos desde Australia.

Esta zona está habitada desde 6.000 a.C. Está llena de campos agrícolas con sembrados de patatas (hay 4.000 variedades en Sudámerica y de ellas 3.400 en Perú), trigo, avena y cebada (que trajeron los españoles y se han adaptado muy bien al frío), y diferentes clases de maíz de las muchas que se dan en Perú.

Los incas estuvieron aquí solamente 300 años del s. XIII al XV. Además de maíz, los cereales locales que utilizaban eran quinua y kiwicha, con granos pequeños y sin gluten, que hoy, con la gran demanda internacional, han disparado sus precios, incluso de las semillas, y ya no pueden ser utilizados ni sembrados por la gente del pueblo.

Las construcciones que encontrábamos eran de adobe. Los Andes los llevábamos a la izquierda.

La primera parada fue en el Mirador de Taray (3200 m.s.n.m.) Tiene una de las mejores ubicaciones para la observación del Valle Sagrado, con el cauce del rio Vilcanota, Urubamba o Wilcamayu (río que después de 6.700 km. termina uniéndose al Amazonas), rodeado de montañas, poblados y campos de cultivo donde resalta el maíz como principal producto agrícola. Se pueden observar, con un clima despejado, algunos nevados como el Pitusiray y el Huancalle.

Su nombre original es Yucay, que fue el nombre con el que los incas nombraron a este valle totalmente fértil, uno de los más del Perú. Posteriormente, fueron posesiones reconocidas por los españoles a la nobleza inca.
Su altitud es de 2.800 msnm, con un clima benigno. A pesar de alcanzar temperaturas altas y de ser una zona llena de vegetación, el valle está libre de mosquitos por la altitud en la que se encuentra.

SAM_7542En el Valle Sagrado se diseminan hermosos pueblos coloniales (algunos con espléndidas iglesias coloniales, andenes incas y otros restos arqueológicos): Chinchero y sus tejedoras; Pisac y su feria artesanal; Urubamba (la ciudad más grande); Ollantaytambo con su fortaleza y su pueblo inca vivo; Maras; Moray con sus Salineras… Además de dos de los más importantes mercados artesanales del Cusco: Písac y Chinchero.Valle Sagrado de los Incas.

Llegamos a Pisac, en quechua perdiz, en dónde visitamos un taller de platería (te lo venden como que hay lavabo y que te enseñarán cómo hacen la platería inca. Bien es verdad que era voluntario el entrar, pero lo hicimos todos). También recorrimos un poco del mercado de artesanos: una calle bordeada de puestos de artesanía que desemboca en la Plaza de Armas (en dónde hay más puestos y los domingos un gran mercado). Son tantos que aunque no quieres entretenerte, apenas me dio tiempo de llegar hasta el final.
Pisac

Desde allí fuimos al Parque Arqueólogico de Pisac: a 7,50 km de Pisac. Yacimientos arqueológicos incas en dónde había población desde el s.IV-V. Los incas durante el s. XV realizaron toda esta ciudadela. La forma del trabajo inca era recíproco y colectivo, trabajaban todos, tres meses al año para el gobierno con gastos pagados. Su comercio era de trueque.

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Los españoles trasladaron más abajo a la gente de aquí, destruyendo las terrazas y los lugares sagrados, para que no volvieran a habitarlos.

Hay construcciones en piedra pulida increíblemente ensamblada, de las que quedan una ciudadela con torreones, fortalezas militares, observatorios astronómicos… Las construcciones incas se realizaban arriba de una montaña por defensa y seguridad, ya que se puede ver a quién llega, y por religión: están más cerca del cielo.

Utilizaban adobe y piedras en las casas (piedras bastas y rústicas sin trabajar); y piedras pulidas para los edificios de los nobles y los recintos oficiales. Los muros los hacían inclinados por los terremotos. Quedan multitud de terrazas (en las que plantaban abajo maíz y arriba patatas) situadas en las zonas bajas, en dónde están las mejores tierras. Hay cercanas dos lagunas de manantiales y el agua la conducían hasta las terrazas por canales. Nunca les faltó el agua.

Frente al yacimiento hay otra montaña con muchas cuevas, que fueron enterramientos de la gente del pueblo. Los enterraban en posición fetal, para que volvieran a nacer en otra vida. Alrededor ponían comida, ropa, y los nobles también joyas. Solo momificaban a los nobles.

Todo esto nos lo explicó el guía en la entrada, para que tuviésemos una idea de lo que íbamos a encontrar, y luego lo paseamos a nuestro aire.

Nos pareció un yacimiento impresionante, con muchas escaleras y cuestas que fuimos recorriendo poco a poco disfrutando del paisaje. Había alguna cuadrilla de arqueólogos en las terrazas, excavando y restaurándolas.

Continuamos hacia Urubamba la ciudad más grande de este valle y a una hora desde Pisac. Las montañas seguían a nuestra izquierda tapizadas de verde oscuro, y delante de ellas pequeños pueblos, granjas, y campos sembrados al lado del río Urubamba, el río sagrado de los incas.

Para comer, ya en Yucay, nos fueron repartiendo por diferentes hoteles según las agencias con las que habíamos reservado. Yucay
A nosotros nos dejaron en Sonesta Posada del Inka. Yucay , un sitio delicioso y con muy buena comida. Nos habían ofrecido este hotel también para dormir esa noche, pero vimos que estaba un poco a desmano de cualquier pueblo y preferimos la opción de dormir en Ollantaytambo que, luego pudimos ver, era la mejor.

Nos acompañó Palmira, una de las turistas que viajaba en la excursión, con la que ya habíamos compartido el día de antes el city-tour de Cuzco. Es de Nicaragua, había estado trabajando en Madrid unos años y ahora lo hace en Lima. Tremendamente simpática, fue de lo más agradable compartir con ella la comida.

El buffet del hotel estaba situado en una terraza del jardín, con una temperatura estupenda y unas vistas relajantes ya que el hotel es un antiguo monasterio de estilo colonial del siglo XVIII, rodeado de hermosos jardines e incluso capilla. Una preciosidad.

Comimos: Crema de verduras, Ossobuco al vino con guarniciones, y de postre Mazamorra (que nos pareció demasiado dulce), y Crema volteada. Todo muy bueno.

Llegamos a Ollantaytambo a las 14,45. Pertenece al distrito de Urubamba (la llaman, Provincia Arqueólogica de Perú, por los muchos yacimientos que hay en la zona).
Las montañas y el río los habíamos llevado todo el tiempo a nuestro lado, en este último rato, con menos campos sembrados y un tren paralelo al río y a la carretera.

El pueblo es pequeño, con calles empedradas y en cuesta que me recordaron a algún pueblo de Los Pirineos o de la sierra madrileña. Está preparado perfectamente para el mucho turismo que le llega como antesala a visitar Machu Picchu. Cada casa es un restaurante, un hotel o una tienda, sobre todo en las calles cercanas a la Plaza de Armas y a los restos arqueológicos. Junto a la entrada de estos, hay una gran plaza totalmente llena de puestos de artesanía.

El complejo arqueológico está vallado y tiene una entrada con taquillas bastante organizada. Como cada yacimiento que hemos ido visitando te quedas impresionada nada más entrar, pero éste tiene además una vista grandiosa ya que está todo escalonado en la montaña, y lo ves totalmente desde abajo y de frente.

Ollantaytambo significa “Sitio de descanso de Ollantay” Se encuentra a una altitud de 2.792 msnm. Con el Imperio Inca, fue el estado real de Pachacutec, que conquistó la región, construyó la ciudad y un centro ceremonial . En el momento de la conquista española fue el cualtel de Manco Inca Yupanki, líder de la resistencia inca. Son unos restos grandiosos en los que hay que subir y subir escalones para disfrutarlos (190), paralelos a unas andenerías perfectas, para llegar casi hasta arriba. Para bajar, por otro lado, yo conté 270 escalones.

Parece que era la construcción de un Templo al sol que se abandonó sin terminar, ya que cuándo llegaron los españoles, 150-200 después, ya estaba así. Las andenerías están realizadas en granito pulido y perfecto para la zona del templo, y basto y sin pulir para las que solo son de sujeción de tierras. Losas enormes unidas solo por la perfección de sus lados, sin ninguna ranura entre ellas. Algunas de las piedras del Templo del Sol pesan más de cuarenta toneladas y fueron traídas de una cantera elevada en la montaña que se encuentra al otro lado del río. ¿Cómo puede alguien mover tantas piedras de ese tamaño hacia la parte baja de la montaña, cruzar el río, y luego subirlas varios cientos de metros a dónde se encuentra el Templo del Sol?

En la montaña de enfrente una construcción curiosa que eran depósitos de grano, y unas rocas en su ladera que, decían, era una cara en la que da exactamente el sol en el solsticio de verano.Ollantaytambo
A las 5 de la tarde empezamos a bajar del yacimiento y nos dejaron con el autobús en la Plaza de Armas del pueblo, a cinco minutos de nuestro hotel: “El Sauce”. Un hotel de aspecto rústico por sus puertas y ventanas en madera de pino, tanto en el interior como en el exterior.
Nuestra habitación, la 15, tenía vistas al yacimiento arqueológico con cuatro ventanas que hacen esquina. Camas perfectas, con edredones nórdicos. En la mesilla de noche unos bombones y una botella de agua mineral nos dieron la bienvenida. Un baño amplio y una ducha realizada de obra, enorme (en muchos de los hoteles que llevamos la ducha está hecha así y lo llamativo es lo grande y cómodas que eran). Carteles para promover el ahorrar agua y declaraciones de hotel ecológico.

Descansamos un rato y nos fuimos a pasear por el pueblo. Lo recorrimos rápido ya que se hizo enseguida de noche, pero nos pareció un sitio encantador y agradable para vivir. Hacía bastante frío y buscamos un sitio para cenar.

La Plaza de Armas está bordeada por el Ayuntamiento, tiendas de artesanía y restaurantes. Entramos en uno de ellos (no recuerdo el nombre) que nos sorprendió pues parecía el comedor de una casa familiar. Tres mesas, una estaba ocupada por una niña haciendo deberes y una joven cenando, un señor sentado en otra, y una libre en la que nos sentamos. Una señora muy amable nos dio la carta que tenía básicamente platos como de un burguer: hamburguesas, huevos, ensaladas….

Pedimos una tortilla y le pregunté sí podía pedir huevos con patatas fritas. No entendió muy bien lo que le pedía, pero al final me lo puso de forma original: en bocadillo en un pan de hamburguesa. Cenamos de maravilla.

Del piso de arriba bajó un grupo grande de chicas americanas, que habían estado cenando, por lo que pensamos que el restaurante tenía otro salón arriba, y muchas más mesas.
Camino del hotel, aunque no era muy tarde, Ollantaytambo ya se había quedado desierto.

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Autor: viaja2/viaja2Photography

Me llamo Mariángeles, me gusta viajar, salir con nuestros amigos a recorrer la ciudad y cenar en algún sitio que aún no conozcamos, y cocinar nuevas recetas en las cenas que preparamos para ellos en nuestra casa. También la fotografía, pero soy un fotógrafo que aún no lo es por estar todavía aprendiendo. De todo ello trata este blog. Muchas gracias por visitarlo.

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