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Ollantaytambo- Tren Expedition- Aguas Calientes

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Las camas y las almohadas del “Sauce” resultaron muy buenas, y al abrir las cortinas nos encontramos con un sol radiante y las ruinas de la Fortaleza frente a nosotros, en las que al poco había visitantes a pesar de lo pronto que era. La habitación (la 15), con cuatro ventanas, tenía una luz preciosa.
En la ducha, nos quedamos con un chorrito de agua mínimo, con el que a duras penas me pude enjuagar. Nos dijeron que se había averiado algo en el pueblo por lo que poco se podía hacer.
Desayunamos en un buffet agradable, pero un poco justito.

A todo esto, Inkandina, nuestra agencia, se había puesto en contacto con nosotros para comentarnos que por lo sucedido en Paracas e Ica, como compensación, nos invitaban a una cena típica con esectáculo, en Lima antes de nuestra marcha. Nos pareció un detallazo que no solo estuvo muy bien sino que, ya en Madrid, trajo más sorpresas.

Los planes del día eran volver a pasear por Ollantaytambo tranquilamente para conocerlo mejor, y a las 12,30 nos recogería un coche para llevarnos a la estación y coger el tren para Aguas Calientes.

Estuvimos hablando con una española que vive en Ollantaytambo desde hace años realizando voluntariado, y que trabaja en el hotel algunas horas como apoyo a su economía. Nos recomendó llegar hasta “El puente del Inka” que está en las afueras del pueblo y, ya que nos pillaría la hora de comer en el tren, encargar la comida en un horno de unos amigos suyos que hacen bocadillos, panes y dulces, con productos orgánicos y ecológicos. Le pedimos un plano del pueblo, pero nos dijo que solo tenía uno, que no se lo facilitan en Turismo ya que los tienen contados, y hay que darse de alta como turista dando tus datos para pedirlo …

Así que, lo primero, nos fuimos hacia el Ayuntamiento con idea de pedir el plano, más que por necesitarlo mucho por parecernos anecdótico el que no se lo faciliten a los hoteles. Más anecdótica resultó la Oficina de Turismo de Ollantaytambo. Está situada a la entrada del Ayuntamiento, que está en La Plaza de Armas. Allí dos señoritas comiendo su desayuno, apenas me hicieron caso. Cuándo una de ellas me preguntó, le pedí el plano y, sin mirarme, me pidió los datos y de dónde veníamos… y me dio un plano. Ya en la calle lo miré y vi que era en inglés. Volví, se lo dije, y quitándome el de inglés me dio otro en español. Le pedí quedarme también con el de inglés que parecía más completo, pero me dijo que para un día que estaría allí no necesitaba más, y que no podían dar más que uno…
Me pareció increíble, generalmente en las Oficinas de Turismo te dan montones de folletos, y aquí nos los racanearon y nos atendieron fatal.

Entramos al mercado, pequeño y con puestos mínimos, con fruterías en las que la mayor parte de los productos estaban en bolsas o cestos en el suelo. Varios puestos tenían comida y un par de banquetas, en las que alguien comía.

Desde allí, por sus calles típicas de pueblo agrícola, llegamos al “Puente del Inka”, un puente colgante con un gran machón de piedra en medio del río, y bases laterales de grandes dimensiones que soportan el puente metálico moderno cubierto de maderos (un poco feo). El puente colgante era de paja tejida y estuvo en uso hasta mitad del s. XX, solamente renovando el mimbre de vez en cuándo. Está rodeado por campos de cultivo y andenerías con sembrados, junto al río Urubamba en un paisaje idílico.

Volvimos al centro del pueblo. Ollantaytambo, mandado construir por Wiracocha, estuvo habitado por la nobleza inca y hoy día se mantiene como ciudad inca y colonial. Sus calles rectas y estrechas en el Qosqo Ayllu forman 19 manzanas de casas, en las que, sobre las bases incas, se levantan las casas coloniales, continuando la planificación arquitectónica inca. El paseo por estas manzanas de casas invita a ir deteniéndote a cada paso. Las bases incas mantiene sus grandes losas perfectamente alineadas unas sobre otras. Por las calles empedradas y estrechas corren canales de agua, y el ambiente es tranquilo y relajante. Encontramos poca gente paseando por allí.

En una de esas calles está el horno que nos habían recomendado para encargar los bocadillos de la comida, y así lo hicimos.
Volvimos al hotel hasta la hora en que vinieron a recogernos y, de nuevo, conversamos un buen rato con la española del hotel, que muy amablemente, nos preparó un té de coca mientras charlábamos. Fue un verdadero lujo disfrutar de todo lo que nos contó sobre Perú, Ollantaytambo y su gente, además de sus experiencias.

La estación está a un paseo agradable desde el hotel, pero agradecimos el taxi que pasó a recogernos, ya que el ir tirando de la maleta hubiera sido incómodo. Nos dejó en la puerta, en la que hay muchos puestos de artesanía que no nos dio tiempo a mirar y, tras enseñar el billete y el pasaporte (en pocos sitios he enseñado tanto el pasaporte como aquí), entramos a esperar el tren que llegó poco después.
El Expeditión lleva vagones normales en los que va la mayoría de peruanos y sus grandes paquetes y bolsas, y 2-3 vagones que son los de los turistas (supongo que más caros). No te dejan llevar equipaje voluminoso (que tuvimos que dejar en el hotel de Cuzco), solo una maleta pequeña o una bolsa y, aún así, nos costó trabajo encontrar sitio para colocarla en los maleteros de la entrada, que estaban llenos. A pesar de las fotos que hay en la página de perurail, la mayoría de los asientos estaban enfrentados de dos en dos, y era incomodo ya que no podías moverte sin pisar o darle en las rodillas al de enfrente. Es un tren muy caro y, desde luego, no esperaba ir en esas condiciones. Tardamos dos horas en llegar por un paisaje menos especacular de lo que pensaba.

Aguas Calientes me pareció un poblado del oeste americano, construido al borde de las vías del tren (que muere allí), y en el que parece que no vive gente, solo ves uno tras otro hotel- restaurante, hotel- restaurante… y ni una sola vivienda.

Nuestro hotel aquí era el Hostal Presidente, un teórico de tres estrellas en algunas webs, y en su página denominado hostal y, dicen, recomendado por la Lonely Planet. De todo el viaje fue el hotel mas malo. La habitación estaba aceptable, pequeña, daba a un patio interior en el que una araucaria muy alta le hacía tener mejor aspecto, y con un baño muy pequeño y muy viejo. Y lo peor de todo, y sin duda por nuestra culpa, era que está situado al mismo borde de la vía del tren (aunque termina unos metros más adelante, las máquinas pasan hasta el final y vuelven desde allí haciendo mucho ruido). Aún no entiendo como no lo pensamos, ya que en su página se ve claramente. Creo que miramos muchos más pero, allí son todos muy caros y muchos dan a esa calle, por eso supongo que dejamos pasar el detalle de las vías.

Dejamos las maletas en la habitación, y nos fuimos a pasear Aguas Calientes. Además de la calle paralela al tren, el pueblo va creciendo en la ladera de una montaña, con unas calles empinadas en las que se asoman restaurantes y restaurantes… Llegamos hasta los Baños Termales que le dan el nombre y están en todo lo alto del pueblo. Y, como no habíamos recordado ponernos el bañador y, desde luego, no íbamos a alquilar uno, nos dimos la vuelta para ir bajando tranquilos.

Fuimos a ver en dónde era la parada de los autobuses para subir a Machu Picchu y cuáles eran.

Me llamó la atención que había muchos sitios de masajes y manicura, muy bien de precio. Tras pensármelo un poco (no se veían desde la calle las instalaciones), decidí entrar en uno. Después de todo el viaje que llevábamos, un buen masaje de piernas y pies me vendría muy bien. Elegí uno de reflexología y masaje con piedras calientes, que resultó una maravilla. El sitio era un poco cutre, pero la persona que me lo dio sabía bien como hacerlo.
Ya que estaba, pedí también una pedicura. Cómo se me ocurriría? -Me sentaron en el saloncito de la entrada, en un sofá de mimbre desde el que se veía pasar la gente por la calle (y ellos te veían a ti un poco), y tras unos minutos de espera en los que por vergüenza no salí corriendo, apareció una señora joven, enorme de grande, que se sentó enfrente en una banquetita, y me hizo la pedicura-.
Me contó que ella había estudiado con cursos de la televisión… (se me pusieron los pelos de punta), que había venido aquí desde el norte de Perú en busca de trabajo… tenía varios hijos dejados en su pueblo… mucha tristeza, poco dinero…, pero a pesar de su buena voluntad y su gran amabilidad, yo solo pensaba en que quería que acabase ya!… En fin, tardó una eternidad… me lo dejó solo regular… mi marido preocupado de que tardase tanto… No solo de experiencias de turismo vive el turista, no?

Cenamos en un restaurante francés, que nos había recomendado mucho la española del hotel de Ollantaytambo, por su extraordinaria comida, aunque me costó un poco entrar. Con el nombre de “El indio feliz” parecía poco serio y poco francés, y no era de los baratos. Por dentro me pareció muy raro: supercargado de todo tipo de figuras, lleno de posit con notas de clientes, con poca luz pero con lamparitas muy chulas, unas mesas para dos excesivamente pequeñas, varias televisiones grandes repartidas por el local…

Pedimos: Pechuga de pollo con una salsa especial de no recuerdo qué, y Una ensalada especial.
Nos pusieron de aperitivo pan casero de diferentes clases con varios tipos de salsas muy buenas.

Y cuándo llegaron los platos, tengo que confesar que nos sorprendieron. Con una presencia inmejorable y diferentes platillos con guarniciones y aliños, tantos que no nos cabían en la mesa. Un verdadero despliegue de sabores. Mi ensalada estaba diseñada como un jardín en el que tenía incluso un conejo hecho con un huevo duro, una preciosidad que daba pena comerse, aunque las verduras estaban casi todas demasiado al dente; verdaderamente, estaban muy crudas.

Desde allí, despacito al hotel, que al día siguiente teníamos que levantarnos muy temprano.

Actualización: no había mirado la página de “El indio feliz” y me he quedado sorprendida gratamente al verla. Creo que merece la pena echarla un vistazo; tiene todo tipo de información sobre el restaurante y menús, sobre Aguas Calientes y, lo mejor de todo, sobre cómo llegar a Machu Piccu, con todo tipo de precios. Creo que es estupenda.

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Autor: viaja2/viaja2Photography

Me llamo Mariángeles, me gusta viajar, salir con nuestros amigos a recorrer la ciudad y cenar en algún sitio que aún no conozcamos, y cocinar nuevas recetas en las cenas que preparamos para ellos en nuestra casa. También la fotografía, pero soy un fotógrafo que aún no lo es por estar todavía aprendiendo. De todo ello trata este blog. Muchas gracias por visitarlo.

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