Viaja2

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Cuzco- Puerto Maldonado

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Nuestro avión salió a primera hora de la mañana y la representante de Inkandina pasó a buscarnos muy pronto para llevarnos al aeropuerto. En estos días en Cuzco, había estado muy pendiente de nosotros dejándonos recados en el hotel de horarios de recogida y salida de excursiones, a pesar de tener todo bien aclarado en los vouchers que nos dieron en Lima para todo el viaje. En el camino nos despedimos de Cuzco en un día muy soleado.

Viajamos con Star Perú, y los billetes los habíamos sacado por nuestra cuenta casi dos meses antes de salir.

Salimos en punto, y el vuelo fue corto y cómodo.
Desde el aire, los Andes que rodean a Cuzco son impresionantes y el cambio de paisaje, una vez que vuelas sobre la selva, es radical y me recordaba mucho nuestra llegada a Iguazú hace unos años, con unas vistas muy similares desde el avión.

En Puerto Maldonado teníamos reservada una cabaña con Inkaterra Hacienda Concepción, un lodge construido en una antigua plantación de cacao, restaurado con el apoyo de National Geographic.

Tiene un edificio grande con los servicios comunes como el restaurante, biblioteca… y habitaciones, y luego tiene cabañas diseminadas por el jardín-selva, perfectamente aisladas para los mosquitos (no tienen cristales, sino tela metálica muy cerrada), hechas a imagen de las construcciones de los nativos en madera y techos de paja, que son una verdadera gozada. No solo fue el mejor hotel del viaje, sino también, una experiencia nueva por el sitio en que estábamos, y de verdadero lujo.

Habíamos cogido cuatro días, que son en realidad tres de excursiones, porque el primero es desde mediodía (entre que llegas y te instalas) y el último, como nuestro avión salía temprano, solamente desayunamos.
Inkaterra, se encarga de recogerte en el aeropuerto, trasladarte en barca al lodge, pensión completa todos los días que estés, y volver a llevarte al aeropuerto.

Desde el aeropuerto nos llevaron (por una carretera regular) al Inkaterra Lounge, Jardín de Mariposas: unas instalaciones en las que se realiza el check-in de llegada, que tienen un gran jardín-mariposario muy bien puesto.
Allí, junto a dos parejas más que llegaron con nosotros en nuestro avión, nos dieron un maravilloso zumo de bienvenida, nos informaron de datos necesarios para nuestra estancia y rellenamos los cuestionarios típicos, en los que, además de los datos de siempre, el cliente se responsabiliza de todo lo que pueda pasarle si no sigue las rutas señaladas, y los consejos de los guías.

Visitamos el mariposario, que nos encantó, y enseguida volvimos a la van en la que nos llevaron al embarcadero para coger la canoa, único medio de transporte en el que llegar hasta el lodge.
Puerto Maldonado, es un poblado a lo largo del río Madre de Díos con poco que ver, pequeño y, en apariencia, bastante modesto. Supongo que solo en apariencia; un par de meses antes de nuestro viaje, en el semanal de “El País” leímos un reportaje sobre los buscadores de oro en el río Madre de Dios, con las miserias y problemas humanos que conlleva una explotación, la mayor parte de las veces ilegal, en condiciones infrahumanas y con gran cantidad de delincuencia y mafias. Todo esto ocurre un poco más arriba del río, pero es de imaginar que a Puerto Maldonado llega todo este movimiento de dinero y gentes, de una manera u otra. En el momento en que lo leí, me preocupó un poco todo lo que contaban, pero como no tuvimos posibilidad de andar por Puerto Maldonado (solo lo recorrimos en el coche), y una vez en la selva en el lodge, es un mundo aparte… , no pude ven nada relacionado con el tema.

Subimos a una canoa con motor fuera borda, nos pusimos los chalecos salvavidas reglamentarios y que nos harían poner siempre que subiésemos a una y, tras 25′ navegando en el río Madre de Dios, llegamos al embarcadero del Inkaterra Hacienda Concepción. El complejo está metido en medio de la selva-jardín, y desde el río pasa totalmente desapercibida.

Caminamos un corto trecho hasta la Casa Grande, en dónde está la recepción, ya con la boca abierta por el disfrute de ver lo que nos rodeaba. Estábamos en medio de una ceja de selva, en la que el hombre ha realizado caminos, cabañas de madera desperdigadas por ella y, entre medias, plantas de flores y árboles tropicales, pero sin alterar el entorno demasiado.

Nos dieron nuestra llave (un oso de madera enorme que se dejaba al salir en la recepción), y nos acompañaron a nuestra cabaña en la que nos explicaron que la luz es con generadores y que está un número de horas determinadas al día; que teníamos a nuestra disposición líquidos antimosquitos de citronella; que teníamos botellas de agua mineral que podíamos rellenar en el restaurante, o pedir otras nuevas; que cualquier cosa que necesitásemos…

La cabaña era una casita preciosa, con una estructura de vigas de madera grandes, y un techo de paja a dos aguas muy alto. Las paredes de alrededor de madera y tela metálica. Dos camas con mosquiteros desde el techo, levantados durante el día y que te bajaban por la noche y, a sus pies, una terraza con sillones y una hamaca de cuerda, con una celosía corredera de suelo a techo para independizar la zona por la noche. Dos lavabos, y una habitación pequeña con el wc. y otra, al otro lado de ellos, con la ducha. Todo muy amplio.

Nos fuimos a comer al restaurante que está en la Casa Grande, junto a la recepción.
Las comidas son tipo buffet, con poca variedad (dos platos de primero y dos de segundo, con dos o tres postres y frutas), colocados en una mesa de madera muy grande, con un mantel blanco bordado, y con detalles de flores frescas. Todo con una estética muy agradable.
Los platos refieren que son hechos con productos orgánicos, y de sabores nativos, y todos los que probamos estaban muy bien cocinados.

Después nos citaron en otro edificio que está preparado para dar conferencias, con bichos en frascos de formol,carteles, libros, un pequeño laboratorio…, y en dónde se reúnen los grupos con su guía, para salir a las actividades.
Se nos presentó el nuestro, Fray, un joven de Puerto Maldonado, que llevaba poco tiempo de guía. Como no había nadie más que hablase español, nos fuimos los tres al primer paseo por la zona: una caminata por las TROCHAS CONCEPCIÓN, caminos naturales dentro de la propiedad en las que Fray nos iba contando sobre los árboles que encontrábamos, los animales (vimos nuestros primeros monos aulladores rojos), algún ave que vimos de lejos (nos dijo que había muy pocas, estábamos casi empezando el invierno y, como las cosechas y los frutos ya escaseaban, los pájaros se iban a otras zonas con más comida). Paseamos un buen rato hasta que empezó a ponerse el sol, ya que anochecía muy pronto.

Estuvimos disfrutando de los colores de la puesta de sol, y haciendo fotos desde el embarcadero al que habíamos llegado.

Después teníamos la excursión RIO DE NOCHE: navegando por el río Madre de Díos para intentar ver animales que salen a cazar de noche, y, teóricamente, conocer el ecosistema, quebradas amazónicas, comportamiento de la fauna nocturna, y las constelaciones del sur… En realidad la noche estaba muy oscura, de todo eso solo vimos un cocodrilo y un ave solitaria enfocados por las grandes linternas de los guías. Y nadie nos habló nada de las constelaciones. Pero el hecho de estar allí, de noche, sin ver más que lo que enfocaban los guías, te daba un halo de misterio y disfrute tremendo.

Al volver, tomamos un Pisco Sour al que nos invitaban para brindar por nuestra estancia. Lo preparó en el momento delante nuestra el camarero-cocinero que era muy simpático, y lo tomamos con mucho gusto. El Pisco Sour es una bebida que, desde mi punto de vista, está un poco sobrevalorada. El pisco es un aguardiente bastante normalito, y el que lleve clara de huevo cruda (batida a punto de nieve), me da un poco de repelús. Aún así, me supo muy bueno.

Cenamos:

Nos fuimos a la cabaña a acostarnos. Ya no había luz eléctrica, los caminos tenían bujías de mecha encendidas y nosotros nos movíamos con la linterna que había en nuestra habitación. En la puerta de nuestra cabaña un farolillo de petróleo, y adentro otros dos a los lados de las camas. Los mosquiteros estaba echados y nos acostamos intentando remeter los bordes bajo el colchón, como nos habían explicado

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Autor: viaja2/viaja2Photography

Me llamo Mariángeles, me gusta viajar, salir con nuestros amigos a recorrer la ciudad y cenar en algún sitio que aún no conozcamos, y cocinar nuevas recetas en las cenas que preparamos para ellos en nuestra casa. También la fotografía, pero soy un fotógrafo que aún no lo es por estar todavía aprendiendo. De todo ello trata este blog. Muchas gracias por visitarlo.

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