Viaja2

El mundo es para recorrerlo, mejor en compañía. Y la vida… también.


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Accidente de un crucero

¡Estoy impresionada!, éste mediodía he visto la noticia de un barco de Costa cruceros que ha volcado dos horas después de salir de Roma y ,aparentemente, en una zona en la que parece no haber calado suficiente para que el barco pasara por allí, ya que está volcado sobre uno de sus lados y sobresale la otra mitad completamente. De momento, han anunciado 70 personas desaparecidas que imagino se habrán quedado encerradas en los camarotes sin poder salir al volcar el barco. ¡Qué espanto!

Cada vez que en unos de nuestros cruceros hemos pasado una buena tempestad, que ha habido algunas, he pensado en la posibilidad de que pudiera pasar algo, pero las aparentes medidas de seguridad y la poca incidencia, afortunadamente, de éstos accidentes, me han tranquilizado en ésos momentos. Ahora me doy cuenta de que no hace falta grandes motivos, que seguramente, algún error y alguna horrible casualidad pueden desembocar en una tragedia.

Ahora mismo no tengo muchas ganas de seguir mi busqueda del próximo crucero. Realmente, me ha entrado miedo.

¡Ojalá pudieran salvarse las personas desaparecidas!


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NUEVO AÑO Y NUEVOS VIAJES

Comienza el año, y los preparativos de los nuevos viajes se presentan de lo más prometedores. Los sitios a visitar son innumerables, pero en la lista particular de cada uno siempre hay algunos que van ocupando los primeros lugares.

En la nuestra, Alaska y Las Rocosas y Canáda costa este, podrían ser los próximos destinos.

Ya hemos empezado a consultar páginas de agencias de internet y de navieras, y, de momento, los presupuestos son excesivamente caros; principalmente cuándo les sumas los billetes de avión, sobre todo si el destino es Alaska.

De las navieras miradas, Holland y Celebrity, están quedando como preferidas. Ambas tienen la posibilidad de hacer un Crucero-Tour, que sería una opción estupenda, con una pega: el tour es solo en inglés, lo que lo complica bastante si no lo dominas, logicamente.


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CRUCERO CARIBE CON EL PEARL

 10-11-11 Viernes. COZUMEL.

Muy nuboso y con unos 25º.

 El mar está revuelto, hace bastante aire y con muchas olas en la superficie. Esta noche el barco se ha movido bastante. Parece que por la zona anda algún huracán del que nos llega algo de complicaciones.

 Llegamos a una terminal, que no es la misma del año pasado en la escala que hicimos en éstas fechas, y en la que nos llovió torrencialmente. Hoy el día tiene pinta de que también va a llover.

 Tenemos contratada con el barco una excursión muy especial, y que nos hace mucha ilusión: un paseo en un submarino para ver la barrera de coral que hay aquí mismo, que es la segunda del mundo, después de la de Australia.

Aunque el vídeo es de Aruba, en Cozumel es igual la excursión.

Al volver de desayunar, nos encontramos en la puerta del camarote una nota urgente, en la que nos dicen que por problemas del tiempo se ha suspendido la excursión. Había otra excursión que era en un semisubmarino, que es un barco que tiene una quilla muy profunda con ventanales, que quedan bastante bajo el nivel del mar. Cambiamos la del submarino por ésta, y como no sale hasta las 11,45 nos vamos a pasear y ver tiendas en la terminal marítima, que es como un centro comercial lleno de tiendas y joyerías.

Compramos algún regalito (imanes de nevera) y a las 11,15 nos acercamos al punto de reunión de las excursiones. Allí nos dicen que el mar está fatal, muy revuelto, y han tenido que suspender nuestra excursión y todas las actividades que había dentro de él, como buceo, snorkel…

Salimos hacia la zona de taxis, con la idea de ir a ver las ruinas de San Gervasio, y a alguna playa, que era lo que teníamos pensado hacer al volver del submarino.

Resultaban carísimos. Había que hablar primero con los representantes del sindicato de taxis, que te dirigían al que le tocara según lo que quisieras hacer, y te daban los precios fijos. Nos pidieron 50 dólares, por ida y vuelta a las ruinas, o 13 dólares por ir solo a una playa cercana.

Se nos ocurre sumarnos a un grupo que salía en ése momento para un microbús. Le preguntamos al del sindicato que habla con el conductor y nos une a él. Por 20 dólares/persona, nos llevará a las ruinas, a la playa, una vuelta a la isla, y un poco de shopping. En total 4 horas.

El grupo está formado por 3 chicas mayores; una pareja de americanos, jóvenes, bastante gordos, y con cara de muy simpáticos; y una pareja de color, muy grandes. Con nosotros 9. El chofer, un mejicano, educadísimo y simpático. Uno de nosotros se sienta delante con él.

 Nos lleva al Down town, que es la calle comercial, que parte de la terminal de cruceros. Al poco nos para, y nos da 20’ para compras. Paseamos un poco, compramos algo, y al coche.

Seguimos por toda la zona de la isla paralela al mar, con hoteles y cada vez menos tiendas, y paramos en un monumento dedicado a la mezcla española-maya. Es una pirámide con alguna figura de indios mayas, y un hacendado español a caballo enfrente. Bajamos para fotos.

Después cambia el aspecto de la ciudad. Vamos pasando por la zona en la que vive la gente normal de Cozumel, con casas humildes, otras algo menos, pero en general barrios bastante pobres.

A unos 16 km. del centro está San Gervasio, las ruinas mayas. Curiosamente pagamos la entrada en dos veces, una al entrar, y otra poco más adelante, en total 8 dólares/persona. Nos ven la cámara de vídeo, y tenemos que pagar 4 dólares más por ella. No nos acordábamos de que había que guardarlas en la mochila.

Se nos acerca una joven y nos cuenta que acaba de terminar el curso de guía, y podría acompañarnos para enseñarnos las ruinas, solo por la voluntad. Accedemos a ello y viene con nosotros.

Las ruinas son varios edificios repartidos en una zona de selva, y comunicados entre sí por saches o caminos mayas. Fueron edificios públicos, viviendas, templos… y lugar de peregrinaje de Ixchel, diosa de la fertilidad. Marta, nuestra guía, nos va contando cada uno de ellos.

Lo que había leído de ellas, y lo que en foros comentaban los viajeros, me hacía esperar mucho menos de lo que nos encontramos.

Empezó a llover, con la impresión de que iba a diluviar, pero menos mal que paró pronto.

Después de recorrerlas, de nuevo al coche con el que continuamos el paseo por la isla.

Nos paró en una playa maravillosa y, de momento, bastante salvaje, en dónde no nos atrevimos a bañarnos por lo tremendo que estaba el mar. Nos mojamos los pies, y algo más, pues las olas eran bastante grandes.

Nos dejó de nuevo en la terminal de cruceros, y tras un paseíto por las tiendas nos subimos al barco.

 Merendamos algo en la piscina mientras el barco se alejaba de Cozumel.

 Después estuvimos haciendo fotos a una puesta de sol preciosa y paseando un rato por las tiendas.

 Cenamos en el Sumer Palace:

-Pastel de cangrejo azul. Pequeña minihamburguesa de cangrejo, sobre lechugas. Pero tan sumamente picante, que tuve que dejar la mitad. Es una idea muy buena para hacer en casa, sin picante.

-Crema de calabaza. Exquisita.

-Chuleta de ternera con verduras salteadas y puré de patatas.

-Salmón a la plancha con espinacas rehogadas y puré de patata.

-Helado de chocolate.

-Fruta fresca.

 Por la noche al Stardust Teatre con el Espectáculo ¡Esto es entretenimiento! Celebra el talento de los iconos del showiz, desde Sinatra, Monroe, Elvis y Madonna. Imitadores con canciones en directo, y coreografías estupendas.

Cada vez nos agradan más los espectáculos con musicales y coreografías. El vestuario y la puesta en escena, son inmejorables.


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CRUCERO CARIBE CON EL PEARL

 

9-11-11 OCHO RÍOS (JAMAICA): (De 8 a 4,30 p.m)

Soleado y calor, 31º.

Llegamos a las 8 de la mañana. A las 8,30 ya habíamos desayunado, y desembarcamos.

La primera impresión es de que es una isla montañosa, muy verde, y poco construida, al menos en la zona de Ocho Ríos a dónde hemos llegado.

Hace un calor tipo Sevilla con 40º en Agosto, que te aplasta según caminamos hacia la salida de la terminal de cruceros. En un cartel te indican los precios fijos para desplazarte en taxi o en autobús, y, cercano, hay un quiosco de información de turismo en el que nos dan un mapa de la ciudad, y nos explican que al lado hay un montón de microbuses que te ofrecen ir a los diferentes sitios, e incluso hacer un pequeño tour por la isla.

La impresión que dan es que son “oficiales” pues hay una señora que se encarga de ir llenando microbuses y le da al conductor (que hará de guía), un papel con un sello como justificante del grupo del que se va a encargar.

El conductor nos pregunta si queremos hacer también shopping, snorkel, o alguna cosa más. Le decimos que sólo cataratas. Nuestra idea es ir lo primero a Dunn’s River falls, unas cataratas que forma la desembocadura de un río antes de llegar al mar.

 Esperamos un rato hasta que llena el coche, y vamos para allá. Nos cobra 10 dólares/persona ida y vuelta. Conducen por la izquierda.

Al iniciar camino se enrolla un montón contando cosas (en inglés), que deben ser muy graciosa y se ríen todos; y explicando un poco lo que vamos viendo, que es poco, ya que en menos de 10’ llegamos.

Nos espera otra señora, que sigue contandonos cosas, y, que, afortunadamente, habla algo español, y nos orienta. La entrada vale 20 dólares/persona, hay posibilidad de dejar las mochilas en consignas, en las que hay que pagar 8 dólares, 3 cómo depósito,. Ella nos saca la entrada que resulta ser una pulsera, que nos coloca otra señora (se ve que está bastante repartido para que llegue al mayor número de personas los ingresos del turismo, que parecen ser de lo que vive la mayor parte).

Nos dice que estaremos dos horas, de las cuales entre unas cosas y otras ya ha pasado bastante tiempo. Que la vuelta al barco se hará en el mismo microbús, con lo que en dos horas allí todos.

Nos cuenta que hay guías, y que es mejor cogerlos si queremos hacer el recorrido de las cataratas; pues de eso se trata la excursión: subir las cataratas todos juntos de la mano, y el guía tira, si hace falta, del primero. Hay que darles una propina al terminar, lo que me hace pensar que ya están incluidos en la entrada.

Las cataratas llevan bastante agua, pero casi siempre a ras del suelo. Las piedras por las que baja están desgastadas y con algo de limo, por lo que escurren bastante. Hay que llevar zapatos de playa, de esos de goma para las zonas de coral. Pero si no los has llevado, no hay problema (continua cantinela de todo el mundo desde que hemos desembarcado en Jamaica: “No Problem“), hay puestos en los que te los alquilan.

Dejamos la ropa y las mochilas en las taquillas, y con el bañador y las zapatillas, nos vamos bastante deprisa, escaleras abajo, hasta que llegamos a la playa en la que desemboca el río. Las cataratas tienen unas escaleras más o menos paralelas a ellas, con unos miradores de vez en cuándo, por lo que puedes hacer un recorrido viéndolas y haciendo fotos.

Pero lo estupendo de la excursión es subirlas hasta arriba, intentando escurrirte lo menos posible, y sobre todo no caerte. Siempre tienes la mano del que va delante y del de detrás para ayudarte en un problema.

No es en absoluto, ni peligroso, ni para personas especialmente preparadas y, por lo que pude ver por nuestro grupo, o por mí misma, se sube sin problemas. Y el guía está pendiente en las zonas un poco más difíciles para echarte una mano.

 Dos minutos después de empezar nos fuimos soltando; es más fácil subir ayudándote con las manos en los salientes de roca de más arriba, que llevarlas sujetas con los otros compañeros.

También nos acompaña otro guía con una cámara de vídeo, con la que va grabando al grupo, arengándole para que dé gritos y aspavientos y resulten más divertidas las imágenes. En las pozas en las que el agua te llega al ombligo, coloca a las parejas besándose o dando un grito de alegría, para grabarlas y que resulte simpática la escena; en otras, te hace que te tires de espalda al agua, o por una roca lisa y caigas como desde un tobogán, ¡todo sea por el espectáculo!, y por vender el vídeo (aunque no creo que vendan muchos ya que piden 40 dólares por él).

Poco a poco vas subiendo, y en una hora más o menos llegas al final. Hay zonas que miras desde abajo y piensas que no serás capaz de subir, pero con las “ayudas” de los compañeros, lo consigues.

Es una experiencia estupenda, y las cataratas y la zona en que están, merecen la pena por sí mismas el visitarlas.

Al salir nos enseñan una foto de la aventura, que cogemos, por 8 euros.

Volvimos al puerto con el mismo microbús (nos ofreció llevarnos al centro de la ciudad, por 4 dólares más, pero ya habíamos visto que estaba a 10 minutos andando).

Una vez en el puerto nos dirigimos a la pequeña ciudad, y a la playa que vimos al lado de dónde está el barco, aunque hay que ir un poco más lejos para poder entrar en ella.

 Los primeros edificios que vamos encontrando son pequeños centros comerciales llenos de tiendas de souvenirs y licores, y joyerías con músicos en la puerta para darles ambiente.

Más adelante, van siendo edificios más viejos y descuidados. La mayor parte son tiendas, hamburgueserías, algún bar… En conjunto es un pueblo humilde, con calles descuidadas y no muy limpias. Pasamos por un mercadillo de artesanía, con puestos y casetas pequeños y amontonados, en los que nos ofrecen que miremos y compremos. Hay mucha camiseta, bolsos, vestidos en verde y amarillo (los colores de Jamaica), collares típicos de mercadillo de cualquier sitio, figuras hechas en madera (algunas muy bonitas), y cocos y trozos de ramas de bambú, tallados con diseños geométricos muy llamativos.

Nos alejamos un poco hacia detrás de la calle principal y vemos el verdadero Ocho Ríos en una zona de mercado del pueblo, con bullicio, mucha suciedad y aspecto de un nivel de pobreza bastante acusado.

Nos llama la atención grupos de adolescentes totalmente uniformados que salían de los colegios, cada uno con colores diferentes, que destacaban del desaliño del resto de población.

Son casi todos negros de tez muy oscura, y bastante esbeltos.

 Volvemos a la calle turística, en la que nos hemos ido encontrando muchos mendigos, muy sucios… mancos, cojos, ciegos…

Volvemos sobre nuestros pasos para encontrar la playa cercana al barco. Afortunadamente hay cada vez más nubes y el calor es más soportable, pues en cuánto sale el sol del todo, no resistes lo que quema.

La playa es pública (no acotada por ningún hotel, que debe de ser lo frecuente), pero de pago. Nos cuesta 2,50 dólares por persona. En vez de entrada nos colocan un sello en el dorso de la mano. Hay servicios, duchas y vestuarios, bastante antiguos y no muy bien conservados

La playa no es ninguna maravilla, pero necesitas refrescarte del calor que hace. La arena es muy blanca y fina, pero apenas tiene olas, y con gran cantidad de algas en la orilla, y también dentro.

Tiene algo parecido al césped, y bancos en la orilla, y árboles que dan sombra.

El agua está muy caliente y tiene ese color verde-azul turquesa de playa caribeña, que es tan maravilloso.

El baño nos sabe a gloria.

Nos quedamos un buen rato tranquilamente allí, y luego volvemos hacia el barco entrando en alguno de los centros comerciales que nos vamos encontrando, en los que es todo muy caro.

Empezó a llover bastante llegando al barco, y al poco de estar en él, diluviaba torrencialmente, con una temperatura con la que apetecía, a pesar de ello, bañarse en la piscina y el jacuzzi, y eso fue lo que hice para terminar la tarde.

 Cena en el Sumer Palace:

 -Crema de patatas y puerros. Los puerros, cortados en tiras finísimas, rehogados en sartén y tostaditos, puestos de adorno sobre la crema, que tenía cuadraditos de patata sin pasar.

-Pechuga de pollo, con salsa de soja, sobre arroz blanco, con piña aliñada con pico de gallo, y cacahuetes sobre la pechuga. El pollo muy jugoso, la única pega, lo mucho que picaba la piña, con lo que, al final, picaba todo el plato.

-Lomo asado, con guarnición de lentejas, puré de batata, y chutney de manzana. (La guarnición de lentejas, que muy frecuentemente ponen para la carne, resulta estupenda y original. Otra idea para poner en práctica, en casa).

-Fruta.

-Helado.

 

Paseo por la zona de tiendas.

Oímos música en un par de bares.

El que más nos agrada es el City Bar.


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CRUCERO CARIBE CON EL PEARL.

8-11-11 NAVEGACIÓN:

Amanece un día claro, con buena temperatura, pero un poco de aire. 26º.

 Lo que más apetece es leer en una hamaca, entre sol y sombra, y eso es lo que hacemos.

A pesar del bullicio, nos vamos acostumbrando a éste nuevo ambiente, y poco a poco encontramos nuestro sitio preferido para leer o pasear. Aunque aún echamos de menos el ambiente relajado y educado del Epic.

 Me llama mucho la atención, el que aquí haya menos preocupación por la limpieza de mesas en las zonas de piscina y buffet, y mas relajación de las normas establecidas en ellas. Por ejemplo, se meten en el jacuzzi con vasos o botellas en la mano, e incluso el camarero te ofrece de beber estando allí.

 Vamos viendo que el barco es bastante igual al Jade, con pequeñas diferencias como la configuración del Atrio, en el que hay una pantalla muy grande (en dónde ponen documentales, películas, y que utilizan para las conferencias y subastas de arte), y la situación de las tiendas.

 Cenamos en el Índigo:

-Crema de maíz tostado. Vaya…

-Quiche de tomates secos. Estupenda.

-Cordero asado en filetes finos (rosas en el medio), guarnición de lentejas rehogadas con cebolla y zanahoria. Muy bien.

-Tortellini de setas a los cuatro quesos. Bien.

-Fruta

-Helado de chocolate.

-Vino blanco Chardonnay, de California (un detalle de Jorge Sosa, Maitre). Es un vino bastante normal, sin crianza. Inicialmente huele muy poco, y , en boca, da sensación de poco sabor, como si estuviera aguado.

Según va pasando el rato, los diferentes sorbos te van dando cantidad de matices. Claramente sabe a canela y vainilla, y poco después, se le añade sabor a chocolate. El aroma también va aumentando según se oxigena el vino. Es la primera vez que un vino me sorprende tanto. Aunque no soy ninguna especialista.

 El regalo de esta botella, y otra más de tinto que nos enviaron a la habitación, está provocado por una reclamación que puse esa mañana, por la falta de limpieza de las mesas del buffet y de todas las zonas al aire libre. Retiran inmediatamente todos los platos o vasos, pero no limpian la mesa tras ello, o la limpian solo de lo más gordo, y al sentarse otro pasajero se encuentra con restos de azúcar, pan, huellas mojadas de los vasos… Y es muy desagradable.

También les cuento que en los jacuzzi se mete la gente con botellas o copas, cosa que me parece muy peligrosa.

Me acerqué a la recepción a comentarlo, y coincidió que me atendió maravillosamente el Jefe del Guest Service, brasileño, y que habla perfectamente español. Tomó nota de todo, me dio las gracias, y me dijo que trasladaría todos los temas tanto a la directora del crucero, como al de restauración.

Todo el tiempo, a partir de aquí, nos estuvieron cuidando de maravilla; cada vez que nos encontrábamos con uno de los Directores del barco (al que conocimos en la copa que nos ofrecieron a los pertenecientes al Club Latitudes de NCL, y al que también le comenté el tema de la limpieza), o con el maître en las cenas, nos colmaban de atenciones, y nos preguntaban si necesitábamos algo. Aunque supongo que era solamente por ser estas personas sumamente atentas.

Pero, tengo que confesar que no sirvió de mucho, y las mesas siguieron sin limpiar bien durante el resto del crucero. Veníamos demasiado mal acostumbrados; en el Epic, no habían terminado de retirar los platos de la mesa cuándo estaban limpiándola con spray y bayeta. Aquí la cantidad de empleados es bastante menor, quizás sea por eso.

 Por la noche, espectáculo en el teatro: “Esto es espectáculo“ Canciones y coreografías de canciones famosas. Está maravillosamente preparado, los americanos son estupendos para hacer musicales, y una vez más nos lo demuestran. Disfrutamos un montón.


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TRANSATLÁNTICO. DÍAS DE NAVEGACIÓN. DESEMBARCO EN MIAMI.

3-11-11 JUEVES, DIA DE NAVEGACIÓN (9º) 

Buena temperatura, 26º soleado.

Tormenta de 5 minutos con lluvia y aire tremendo.

Tras ella, de nuevo se queda un día estupendo.

Mañana de lectura y baños en la piscina y el jacuzzi.

Comida y pequeña siesta.

Por la tarde, de nuevo a la piscina, a disfrutar del buen tiempo. En las tumbonas es muy agradable leer. Hay gran cantidad de ellas por toda la cubierta de piscinas, en el H20,y en las dos cubiertas más pequeñas que son solarium. Una de ellas, cerrada a todas las miradas indiscretas, y con paso solo para adultos, es en dónde se puede tomar el sol desnudo.

A pesar de ser días de navegación, con buen tiempo, hay muchas vacías, y puedes elegir zona sin problemas.

Claro que el tamaño de las cubiertas del Epic es impresionante.

Comida en el bufett.

Tarde de tumbonas, y de baños, Al final de ella, una sesión de baño en la piscina del Spacio H2O, que es solo para adultos, combinada con entrar y salir del jacuzzi (están colocados al final de popa), viendo la estela que deja el barco al desplazarse, el mar, inmenso, y la puesta de sol, son sensaciones en cuerpo y mente, para guardar y poder sacar en las ocasiones de estrés que vendrán a lo largo del invierno.

Gimnasio, carrera en la cinta.

He estado mirando de cerca algunas de las máquinas que hay para muscular, en las que nunca había reparado, y he visto que hay para cada uno de los músculos de espalda, piernas y abdomen. Qué paciencia trabajarlos uno por uno!!

Cena en el TASTE:

-Crema de almejas. Agradable, con alguna almeja entera.

-Ensalada de pato asado, con salsa agridulce, y alguna verdura picante. Muy bueno.

-Bistec con patata asada y verduras. Bien

-Espaguetis con salsa carbonara, realmente al dente y muy bien hechos.

-Fruta

-Helado chocolate-vainilla.

Espectáculo en el teatro “Legend in concert” con la actuación de los imitadores de Lady Gaga, Elvis Presley y Esteve …

Un espectáculo impresionante. Los americanos en cuestión de musicales son únicos. Cambios de decorados, trajes y luces, estilo Las Vegas.

Nos gustó muchísimo.

Después en el Atrio, oyendo a Twice and Nice.

4-11-11 VIERNES. DÍA DE NAVEGACIÓN. (10º).

Día soleado, con muchas nubes y bastante aire. 27º.

Por la mañana después de desayunar, maratón de compras en las tiendas. A todos nos entra la angustia de hacer lo no hecho, y de comprar todo lo que has estado mirando y remirando a lo largo del crucero, ya que llega a su fin.

He comprado un bolso de GUESS, y otro para mi hija, a pesar de la duda de que en Miami los pueda encontrar más baratos. La tentación de todo el tiempo viéndolos ha sido más fuerte.

Mañana desembarcaremos en Miami.

Llevan varios días dando publicidad por todos lados, a una oferta “única” y “solo” durante una hora el día de hoy en el BLISS. “Venta de relojes a precios increibles. 19,90 dólares“. Su precio real, lo anuncian, de más de 100.

La gente de amontona poco antes de comenzar de una forma increíble, y ni entramos. Son cajas con reloj, pendientes y pulsera en los de señora; y carteras y bolígrafos en los de caballero. El conjunto, vale exactamente lo que pagas: 19,90, o seguramente mucho menos. A pesar de ello hay una cola inmensa para comprarlos. Luego durante todo el día estuvieron en venta los que quedaron.

¡Lo que hace una buena campaña de publicidad!

Lectura en la piscina.

Aperitivo en el O’Sheehan‘s: alitas de pollo. Salsa de espinacas y queso con dips, y cerveza. Las alitas no están tan buenas como las del otro día.

Comida en el bufett.

A las 3 pm. anuncian sorteo de 500 dólares entre los tickes de las compras del día. Había gente que llevaba tiras que les llegaban al suelo (también los daban en la joyeria). Le toca a una señora que, lógicamente, tenía una de esas tiras. Pero sorprendentemente, los 500 dólares no son en dinero, son en regalos de todas las tiendas y, la mayor parte, en objetos que llevan la publicidad del EPIC. No sólo te da algo al ver que no es en metálico, sino que te causa un problema pues te encuentras con otra maleta para viajar. Y estoy segura de que ha habido cantidad de compras por el señuelo del sorteo.

Por la tarde en la piscina, a pesar de estar totalmente despejado, con un sol maravilloso, hace un aire tan tremendo que no puedes leer tranquilo, ni dan ganas de bañarse. De todas formas nos quedamos allí bastante rato.

Nos queda otra de las cosas mas desagradables del viaje: hacer la maleta.

Cena en el Manhattan, en el que había bastante más jaleo que ningún día, porque había muchos grupos con las consabidas despedidas de final de crucero.

-Minestrone con judías blancas pequeñitas, que resultó muy buena.

-Crema de setas.

-Salmón plancha con verduras, muy en su punto.

-Macarrones con salsa Alfredo (de queso ).

-Fruta

-Helados.

De la carta, puedes pedir todos los platos y en el orden que quieras.

Paseamos un ratito, pero nos vamos al camarote a terminar el equipaje y cerrar las maletas.

Mañana cuándo nos despertemos ya estaremos en Miami.

La experiencia del transatlántico ha sido muy buena; es verdad que hemos tenido un tiempo bastante revuelto y mala mar los primeros días, pero luego, con buenas temperaturas, ha resultado relajante y muy agradable. Pensé que tantos días de navegación se me harían largos y aburridos, pero, al contrario, a veces he pensado que se me pasaban demasiado deprisa.

Ha habido algo que nos ha dejado perplejos por lo inesperado. Ha viajado con nosotros en el barco un perro, un bulldog francés. He leído que en algunos barcos se permite a los pasajeros ciegos llevar a sus perros, porque ellos están trabajando ayudando a su amo. Pero nunca, el que se permitiera llevar una mascota, a la que hemos visto pasear en brazos de su amo, e incluso llevándola con su correa. Me parece increíble que con tanto interés que ponen en la higiene de todo tipo, puedan dejar que un perro pasee por la moqueta, aunque éste no sea demasiado grande.

Nos da menos pena que se acabe porque sabemos que pasado mañana comenzaremos otro con el Pearl por el Caribe.

Ésta, al fin y al cabo, no ha sido más que la crónica de nuestro viaje. Todo ello, desde nuestro punto de vista y, supongo, que habrá tantas opiniones como pasajeros.

Hay muchas más opciones de comidas, de entretenimientos y de actividades; algunas que hemos ido haciendo y que no he relatado y, otras, en las que, generalmente por el idioma, no nos hemos apuntado, pero que sí lo hubiésemos querido, ya que eran muy interesantes; sobre todo las conferencias y seminarios, de los que ha habido de toda clase de temas.

El EPIC, hasta ahora, es el barco más grande, más completo, y con más y mejores entretenimientos y actuaciones de los que conocemos. Y, para nosotros, las atenciones de todas las personas de la tripulación han sido inmejorables.

Pero ya digo que, esto, es sólo desde nuestro punto de vista. 

5-11-11 DESEMBARCO EN MIAMI.

HOTEL WYNDHAM GARDEN EN MIAMI BEACH. Washington Street.

Amanece un día despejado, pero con un aire muy frío, tanto que desayunando en la cubierta exterior, me quedé helada.

A las 10, ya hemos desembarcado. Cogemos un taxi, que pensamos que nos dio la vuelta especial para “guiris”, ya que enfila el puente más lejano para entrar en Miami Beach, en vez del Mc. Arthur, que está al lado del puerto. Nos cobra 35 dólares, que es caro.

Ya conocimos Miami el año pasado, también por un crucero por el Caribe en el EPIC; hicimos noche el día de antes de embarcar, y luego volvimos otro día, en una escala. En ésa ocasión estuvimos en un hotel de la cadena Marriott, en down town, que resultó fantástico.

Ahora lo hemos cogido en Miami Beach, para conocer mejor la zona.

Es el Wyndham Garden. El hotel tiene un aspecto bueno desde afuera. Son varios edificios Art Decó, en blanco, con adornos de molduras. Tiene piscina exterior, con tumbonas, y una gran terraza con sillones para poder tomar una copa por la noche, pues el edificio en dónde se sirve el desayuno es una casita construida con coral (son como piedras de rocalla), que es restaurante y bar de copas, hasta las 10 de la noche.

El hall está decorado en colores ácidos (verdes turquesa y lima) y blanco, con toques más oscuros en cojines. Tiene un aspecto amplio y luminoso.

La habitación no está aún preparada, y nos sugieren dejar las maletas allí y volver a las 12,30.

Aquí en Miami nos esperan unos amigos que conocimos el año pasado en el otro crucero por el Caribe, y que, luego en diciembre, en su viaje por Europa, estuvieron en Madrid, en dónde nos volvimos a ver.

Vienen a recogernos al hotel para que pasemos el día con ellos.

Damos una vuelta con su coche por Ocean Drive, llena de gente, y tan increíble como la recordaba. Dejamos el coche en un aparcamiento (no hay posibilidad de otra forma de aparcar si no es pagando), y hacemos un pequeño city tour andando por Española way y Lincon Road, y a las 12,30 volvemos al hotel.

La habitación que nos dan está situada en el segundo edificio, que tiene una fachada Art Decó exactamente igual a alguno de los cines de la Gran Vía de Madrid, de cuándo yo era pequeña. Es un primer piso sin ascensor, con lo que el subir las maletas es un poco incómodo.

Es amplia y está decorada también en tonos verdes agua y lima. El baño es moderno y limpio, con un lavabo redondo sobre una encimera negra de granito. Tiene una cama King, y un escritorio con silla en un lateral, adosado a una pared cubierta con una foto de almejas y agua.

En conjunto nos parece bien.

Nuestros amigos tienen infinidad de planes para pasar el día, que poco a poco, van quedando solo en eso, ya que los traslados de un sitio para otro, con atascos enormes, se hacen muy largos.

La mayor parte de los españoles que vienen aquí, vuelven cargados de ropa de marca, muy barata. Lo que yo voy encontrando tiene unos precios bastante parecidos a los que podría encontrar en Madrid y, además, lo que ponen en las etiquetas es el precio sin tasas ni impuestos, con lo que al pagar te llevas la gran sorpresa de que es un 18% más de lo que pensabas.

Comimos en un peruano: CVI.CHE 105 que nos agradó bastante. Parece que aquí, al igual que en Madrid, la cocina peruana está cada vez más valorada.

Se suele pedir varios platos al centro para compartir. El maître te recita algunos, explicándote como están realizados y con qué productos, para que los pidas juntos, pero vemos que en la carta pidiendo plato a plato, sale más barato.

Pedimos:

-Pulpo al olivo: una grata sorpresa. Pulpo cocido, en rodajas muy finas, y sobre él, una crema hecha con aceitunas negras chilenas. Adornado con gotas de aceite de oliva, y alguna aceituna, sin hueso. El conjunto resultaba muy bueno de sabor.

-Un par de platos de una carne troceada y rehogada con cebollas y verduras, con salsa de soja, sobre un montón de patatas fritas, y con una bola de arroz blanco, cocido, en un lateral. La salsa de soja, parece ser que la utilizan mucho.

-Ceviche de corvina: marinada en jugo de lima, formando una montaña en el centro del plato sobre alguna hoja de lechuga y, alrededor, cebollas moradas, chiles rojos picados muy finos, cilantro, alguna hierba más, y un cuadrado de batata cocida, que es el contrapunto a cuándo el picante ó el acido es fuerte. Nos gustó bastante.

-Cervezas chilenas.

Te pasan la factura, y tras firmarla y cargarla en tu tarjeta, te pasan otro papel que debes rellenar con los datos de la propina. Propina que, al parecer, es obligatoria, y que es exageradamente alta, al menos para mi opinión. 10 dólares por un servicio normal y corriente, me parece una exageración.

Pero si no lo dejas, poco menos que tienes que salir corriendo, dicen…

Queríamos visitar el Monasterio Español: es un monasterio medieval, de Sacramenia, un pueblo de Segovia, construido en el siglo XII. Lo compró en 1925, W. R.Hearst, desmantelándolo y  llevándolo piedra a piedra, en 11.000 cajas. Tras estar un montón de años embalado, se lo compraron y, en 1952, lo reconstruyeron, costando una barbaridad. Está situado hacia el norte, en las afueras de Miami.

La autopista está totalmente atascada y tardamos en el trayecto mucho más de lo que pensamos. Llegamos casi al cierre, que era a las cuatro de la tarde. Casualmente, está cerrado por una boda (ahora es una iglesia protestante) que además celebran en los jardines. Nos dejan echarles un vistazo desde la puerta, están muy cuidados, y lo que se ve del monasterio es magnífico.

Vamos a Hollywood Beache, que es una típica zona playera, con paseo marítimo, bares, restaurantes, tiendas, y la playa que es estupenda. Y, sobre todo, el mar con un color turquesa-verde de lo más llamativo, y unas olas impresionantes. Hace un aire tan horrible que te azota la tierra.

Después vamos a un centro comercial con tiendas de ropa, zapatos …etc. Tienen cosas de marca, pero no como en las tiendas especializadas. No era un mall.

Parece que aquí otra de las cosas típicas que hacen los turistas, es visitar un mall, una zona comercial gigantesca, en las afueras de la ciudad, con muchas tiendas de marca; que creo que son outlet, con precios más bajos que los de la ciudad.

Volvemos al hotel hacia las 7,30 de la tarde.

Salimos a cenar, y a ver un poco de la noche de Miami Beach. Llegamos hasta Española Way, que está cerca del hotel. Es una calle con muchos restaurantes, italianos, franceses, mejicanos, y, alguno español de tapas, aunque en su pizarra además de sangría, haya pisco y otras cosas. Sus terrazas están llenas de gente cenando. La calle tiene bastantes plantas de adorno, unos edificios bonitos, y alguna tienda de marca. Paseando también hay mucha gente. Me sorprendió que es bastante corta.

Seguimos hacia Lincon Road. Que es una calle peatonal llena de tiendas de marca, restaurantes de moda, y gente guapa, para lucirse. También está completamente llena en las terrazas de los restaurantes, y apenas se puede andar de tanta gente.

Probamos (todo hay que probarlo) para cenar, un restaurante típico americano de comida rápida. La decisión estuvo entre probar la de marcas conocidas (Mc Donald…), o una desconocida para nosotros, también con aspecto de cadena multinacional. Nos decidimos por ésta última, porque estaba llena de americanos. Tienen lo típico: perritos, hamburguesas y sándwiches. Pedimos unos perritos con cebolla y mostaza. La salchicha, francamente mala, y la cebolla (que ponía frita), apenas cocida. Para entretener la espera, hasta que te dan la bolsa de papel con tu pedido, nos dicen que en la entrada hay un saco de maní, con unas bandejitas para servirte como aperitivo. Tenía una pinta regular, pero resultó que los cacahuetes estaban muy buenos. El perrito de lo más vulgar.

Seguimos paseando, y nos acostamos pronto.

Por la noche me desperté a las 2,30 de la mañana y, durante un buen rato no dejó de oírse el abrir y cerrar la puerta de la habitación de al lado. Antes de dormirnos ya lo estuvimos oyendo. Parece que han tenido “muchas visitas”. A saber que era…