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El mundo es para recorrerlo, mejor en compañía. Y la vida… también.


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Diario de viaje a Alaska, Crucero en el Estatendam

30-5-12 HAINES Y SKAGWAY

Llegada a las 6,30 a.m. Todos a bordo a las 8,30 p.m.

Clima: precipitaciones. 15ºC

Diluviaba desde primeras horas de la mañana, y las previsiones eran de seguir así todo el día.Desembarcamos muy pronto, ya que los planes en ésta escala eran muchos.

 Haines es un pequeño puerto de pescadores con pocos habitantes y casas desperdigadas por una suave colina, muy verde, y con grandes montañas nevadas rodeándolo.

El Statendam en Haines.

Seguía lloviendo bastante y, rápidamente, cruzamos el pequeño puerto para sacar los tickes del ferry, que nos llevaría a Skagway, en una casita pintada de rojo que se veía desde el barco.

Los tickes son bastante caros, ida y vuelta 68 dólares/persona, y tarda 3/4 de hora en llegar. Hay la posibilidad de reservar el ferry y el White Pass en un paquete Rail&Sail, ida y vuelta, que cuesta 171 dólares/persona. Los miércoles, jueves y viernes hay bastante posibilidad de horarios, supongo que serán los días que hacen allí escala los barcos grandes. www.hainesskagwayfastferry.com

Solo sacamos los del ferry y, para la vuelta, tuvimos que elegir la hora que queríamos, y cogimos para las 4 de la tarde pensando en que teníamos un montón de horas por delante.

Cuando llegamos a Skagway afortunadamente apenas chispeaba y se mantuvo así el resto del día. Es un pueblo pequeño, todo él formado por casas de madera reconstruidas según eran hace100 años. Todas son tiendas, joyerías o restaurantes.

Fue fundada con los buscadores de oro, como entrada al Yukon, a dónde llegaban subiendo hasta el White Pass en una inmensa fila de hombres con grandes pesos a la espalda. En la frontera de Canadá se les exigía una tonelada de provisiones y material para poder pasar y quedarse allí. En 1989 se inició la construcción del ferrocarril, pero cuándo acabó en 1900 prácticamente no quedaba nadie para usarlo. Hoy es un tren de época, que llega hasta el White Pass cargado de turistas, por paisajes impresionantes.

La estación, también conservada tal y como era, es un edificio de madera en el que además de las taquillas y un bar, hay una tienda de recuerdos turísticos, todos basados en la imagen del tren y sus elementos.

Lo primero que hicimos fue acercarnos para sacar los billetes del tren, pero no pudimos hacerlo; nos pidieron los tikes del ferry de vuelta y, como los habíamos cogido para las cuatro de la tarde, según la taquillera, no era posible que hiciéramos la excursión del tren que salía a las 12 de la mañana ya que teníamos el tiempo demasiado justo. El tren podría atrasarse un poco, nosotros perder el ferry y, quizás, denunciarles por habernos vendido los billetes.

Una faena, con lo que habíamos madrugado para tener tiempo de sobra…, y solo por no haber sacado el paquete con el tren incluido, o la vuelta para las seis de la tarde.

Eran las once de la mañana y nos dedicamos a pasear por el pequeño pueblo y entrar y salir de sus tiendas. Pasamos un rato en el Red Onion Saloon, también restaurado tal y como era, y con sus bailarinas de can-can cantando y bailando.

Compramos algunas cosas, comimos… y, a las dos de la tarde, nos fuimos hacia el puerto con idea de intentar coger el ferry ya que seguir dando vueltas por las pocas calles del pueblo hasta las cuatro no era muy apetecible.

Nos pusieron alguna pega, nos hicieron esperar hasta el último momento y, tras verificar que había unos cuantos sitios libres, nos dejaron subir a varias parejas que esperábamos.

 De nuevo en Haines cogimos un autocar que por dos dólares/persona, nos llevó a un city tour por el centro del pueblo, que está un poco más alejado del puerto. Podíamos bajar, y subir al siguiente que pasara.

Nos fue enseñando un colegio, el parque de bomberos, el ayuntamiento, el Sheldon Museum, el Hammer Museum, y la Bag Eagle Foundation: la fundación del águila calva americana. Nos comentaron que había 10 tótems repartidos por el pueblo, pero solo vimos uno cercano al puerto.

 

Como curiosidad nos bajamos para conocer una fábrica de cerveza de la que nos habló. Está en lo que fue el decorado de una película sobre la fiebre del oro. Son casas de madera, alrededor de un patio cuadrado, figurando un pueblo. Es un pequeño bar en el que por dos dólares, pudimos probar la cerveza que allí mismo fabrican. Era oscura y algo espesa, del estilo ámbar de Alaska.

De nuevo en el puerto fuimos al Fort Seward, que queda enfrente. Fue establecido como resultado de una disputa fronteriza con Canadá, y nombrado como el hombre que negoció la compra de Alaska a Rusia. Se le llamó cuartel Chilkoot en 1922 por las confusiones que surgían con la ciudad de Seward. En 1972 fue declarado monumento histórico, y recuperó el nombre.

Desarmado en 1947, cinco veteranos lo compraron para hacer un área de artes y artesanía de la comunidad. La mayoría de edificios sigue en pié, y ahora son viviendas privadas, hoteles, restaurantes, y galerías de arte. En una de ellas está el Centro de artes indígenas de Alaska, en el que se pueden ver trabajar a talladores de tótems. Aunque aquello más que un taller era una chatarrería, lleno de objetos, aparentemente, recogidos de la calle.

En otra casita cercana, visitamos una galería de arte de una artista local que nos enseñó sus obras.

Artistas y artesanos han hecho de Haines un centro regional de la creatividad. De hecho, durante el resto del crucero, y en Vancouver, pudimos comprobar como muchos diseños y obras de arte, estaban firmadas por artistas de Haines.

 De vuelta al barco, la mejor manera de terminar la jornada: un buen baño piscina-jacuzzi, en la piscina cubierta.

Cenamos en el Rotterdam:

– Copa de frutos de Alaska: melón, sandia, naranja, frambuesas

– Langostinos rebozados sobre pimientos en tiras. Estupendos.

-Cremas de pollo, espesa con tropezones, muy buena.

-Pato asado sobre espinacas, con salsa de ciruelas rojas, zanahorias y patatas fritas gruesas. Una combinación acertada.

-Beef sobre pure patata y esparrágos trigueros, reducción de salsa de carne.

-Gold rush con helado: bizcocho, helado de vainilla, cubierto con chantilly y arándanos, y mermelada de fresas sobre todo ello.

-Sorbete de frambuesa.

 Después espectáculo en el teatro: “Street Singin”, de canciones y música maravillosa. Muy bueno.

 En el diario de a bordo del día, nos llamó la atención que figurase una pequeña biografía del capitán del Statendam: Albert J. Schoonderbeek. Curiosamente escribe artículos para revistas de cruceros, y da charlas sobre la historia de Holland América Line. Su última actividad, nos cuenta, es un blog diario del capitán sobre los viajes a bordo del barco. Esto me dio una idea: tratar de hacerle una pequeña entrevista sobre el escribir de cruceros y el mantener un blog.


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Diario de viaje a Alaska. Cruisetour D6T

29-5-12 CRUCERO PANORÁMICO POR GLACIER BAY.

Desde las 7 de la mañana estuvimos rodeados de montañas nevadas, mientras íbamos entrando por el canal hasta llegar a la zona de glaciares.

Desde que hace doscientos años el capitán G. Vancouver llegó a Glacier Bay, el gran muro de hielo del extremo norte de la gran bahía ha ido retrocediendo lentamente, dejando al descubierto un nuevo canal de 104 km. de longitud repleto de fiordos y entrantes. Se pueden llegar a ver focas, ballenas, marsopas, cabras, osos, águilas y las numerosas aves que habitan este territorio (texto del diario de a bordo de Holland).

Hacía mucho frío, estaba completamente nublado y llovía. En las cubiertas exteriores había que salir abrigadísimo para aguantar un rato allí. Es una pena la lluvia, ya que el frío se tolera bien bastante abrigado, pero la lluvia te impide, incluso, hacer fotos.

Como es tradición de HAL en Alaska, repartieron sopa Dutch Pea calentita a las 10,30 de la mañana, para contrarrestar el frío. Más que sopa era algo así como un puré de verduras con tropezones.

Excepcionalmente, durante ese día, se podía pasar a la proa, la zona que en todos los barcos es inaccesible para los viajeros y conforma todo el pico delantero del mismo. Allí sí que se está en primera fila para admirar el paisaje. Aunque también se nota más el frío, que te da directamente.

Hubo actividades organizadas todo el día, dirigidas a conocer el ecosistema de Glacier Bay. En el Crow’s Nest, el gran salón mirador de la cubierta 12,  representantes de la cultura Huna, los nativos de la zona, y los Rangers del Parque Glacier Bay, estuvieron dando conferencias, enseñando mapas, y respondiendo a todas las preguntas que se les hacían. En el teatro, a diferentes horas, los Rangers, con reportajes y vídeos narraron la visita, y representantes de la cultura Huna Tlingit, contaron sus historias y costumbres.

En el digital Workshop, el aula en la que todos los días dan cursos de internet, fotos y programas para el ordenador, estuvo dedicado el día para enseñar a conseguir mejores fotos de Glacier Bay, editarlas e, incluso, retocarlas para mejorarlas.

En la proa, había un Ranger con un gran prismático puesto en un trípode, que avisaba si veía algún animal y respondía a lo que se le quería preguntar.

Verdaderamente, todos los temas posibles relacionados con la geografía o la historia de la bahía, fueron comentados y enseñados de maravilla.

El paisaje es increíble: una cadena de montañas, algunas con árboles hasta el mismo filo del agua, y otras, la mayoría, rocosas y nevadas.

Estuvimos muchos ratos haciendo fotos, disfrutando de las vistas, y aprendiendo de toda la información que teníamos a nuestro alcance. De vez en cuando, nos quedábamos en la biblioteca, cómodos y calentitos, sentados frente a sus ventanales.

Cuando el barco estuvo frente al glaciar un buen rato, volvimos a sentir la necesidad de mirarlo sin parar. Pero aquí la distancia era mayor, ya que un barco tan grande no puede acercarse demasiado, y apenas se oían los desprendimientos que tanto impresionan. Aún así la experiencia volvió a ser inolvidable.

La pena es que siguió lloviendo continuamente.

En el Rotterdam, esa tarde hubo té servido con 10 variedades de cupcakes.

Y a las tres y media, otra tradición del día: Zambullida del Oso Polar: voluntarios sin miedo al frío, se metieron a la vez en la piscina exterior, a la que se le añadieron cubos de hielo, para darle más emoción al momento.

Y, después, chocolate caliente repartido en las cubiertas exteriores. En ellas había mantas, que abrigaban muchísimo, por si nuestros anoraks no eran suficientes. Sobre todo, para sentarse en las tumbonas.

Glacier Bay, tiene reglas gubernamentales estrictas para proteger su ecosistema y la vida salvaje. En el diario de a bordo, Holland informa de que sigue una estricta política de tolerancia cero para descargas mientras visitan Glacier Bay u otro puerto de Alaska, siguiendo todas las regulaciones para procesar deshechos y evitar derrames. Y pide que no tiremos nada por la borda.

El día fue pasando maravillosamente de una a otra actividad.

Cenamos en el Rotterdam:

-Copa de frutos rojos, (sandia, mango, uvas, moras…)

-Ceviche de calamares, vieiras y langostinos. Muy agradable.

-Sopa fría Vichysoie de patatas y nata. Excesivamente fría, pero buena de sabor.

-Sopa de buey. Quizás demasiado concentrada para nuestro gusto.

-Halibut con salsa de nata agria, sobre puré de patata y brócoli al dente. Regular

-Fideos con vieiras y almejas de Manila. Original.

-Helado de vainilla

-Pastel de arándanos

El Rotterdam es el restaurante general, en el que la atención y el servicio son inmejorables. El primer día, nos trajeron (recién impresa) la carta en español, y el resto pensaron que era mejor ofrecernos ayuda con alguno de los camareros que hablaban algo de español. Muy de agradecer, aunque afortunadamente, para elegir cena no teníamos grandes problemas con el idioma.

La actuación del teatro era tipo “comedy”, y ahí sí que el idioma era totalmente necesario, por lo que nos fuimos pronto.


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Diario de viaje a Alaska, Crucero en el Statendam de Holland

28-5-12 DIA DE NAVEGACIÓN. CENA DE GALA. ¡¡¡ENJOY!!!

Enjoy (disfruta), será a partir de ahora, nuestra palabra del crucero. En cada parrafada que dicen por megafonía; en cada contestación a tu pregunta; en cada cosa que te sirven o te facilitan; siempre, te añadirán la palabra mágica: ¡¡¡Enjoy!!!

Sigue nublado con 7 grados y verdadero frío en las cubiertas exteriores. La navegación es por un fiordo bastante ancho, que hace que durante algunas horas vayamos cercanos a tierra.

Después de desayunar, nos unimos  a un tour por las cocinas, es una de las actividades posibles del día, y es gratuito. Tiene bastante aceptación, y hay un completo en la lista de apuntados.

Nos reciben en la entrada al Rotterdam, y desde allí, en fila, hacemos un recorrido programado. En la puerta algunos de los cocineros y ayudantes y, entre ellos, encontramos a un joven español de nacimiento, pero que lleva fuera y viajando desde pequeño. Nos encanta verle por oírle hablar español, y porque es tremendamente simpático (luego lo encontraremos en las actividades que se realizan en el Culinary Arts Center). La impresión que me dan las cocinas es de estar  maravillosamente limpias, muy recogidas, con actividad solo en algún rincón específico, ya que cada zona es para un tipo de alimentos. Con muchos puntos para lavado de manos, carteles para recordar el lavárselas, y con un detalle estupendo: los grifos se abren con pedales para el pié.

Pero también me dieron impresión de ser un poco antiguas, quizás por la iluminación, pero también por el suelo y algunos muebles y utensilios.

Preparando cestillo con frutas para los camarotes. En el nuestro lo teníamos en primer día con un listado en el que había que pedir la fruta que querías que te repusieran en el cesto. Todos los días, al arreglar el camarote, nos dejaba relleno el frutero.

El paseo fue de lo más agradable, y al final como despedida, nos ofrecieron chocolate blanco o negro en la zona en la que preparaban las pastas y dulces para la ceremonia de té clásico, programada para primera hora de la tarde.

Al salir, contactamos también con otro chef, mejicano, de habla española.

Algunas cifras:

El staff del Dining Room es de 95 personas y el Kitchen Staff de 81.

En un crucero se pueden gastar: Carne 8500 libras; Pescado 2000 libras; Vegetales 1200 libras; Sandías 1800 libras; Arroz 2100 libras…

Paseamos un buen rato en la cubierta de paseo para hacer algo de ejercicio; aunque no cogemos ascensor nunca, y aquí, desde el piso 4 al 12 es un buen esfuerzo cada vez.

Pasamos por la recepción, en la que hay una fuente de sirenas en metal, preciosa, pero un poco exagerada (desde mi punto de vista), ya que ocupa todo el hueco central de los tres pisos que se asoman a ella. Allí saludamos al Jefe del Front Desk: Juan Carlos Fernández, que es mejicano, y por ello hispanoparlante, y era nuestra persona de contacto ante cualquier problema o duda ocasionados por el idioma.

Es una persona exquisitamente educada y muy amable, que solucionó cualquiera de las dudas que tuvimos que consultarle.

 Entramos al Culirary Arts Center, para asistir a una clase: “Cocina de Alaska: preparar salmón con patatas y espárragos”. La sala es muy amplia, con asientos tipo cine, y un escenario en el que nuestro cocinero español y la directora de animación, hicieron una receta de salmón, explicándola al público. El cocinero tiene tablas, buen hacer y soltura, y además es guapo. Una joya para hacer un programa de cocina para cualquier TV. Además aprendimos cosas curiosas para cocinar el salmón.

Nos facilitaron también la receta por escrito.

Es una idea estupenda el incluir este centro y sus recetas en las actividades del crucero.

Comimos en el buffet. Las primeras 48 horas no son de buffet libre, para evitar el virus del estómago entre los pasajeros.

El buffet no tiene demasiadas posibilidades de elección, sobre todo entre los platos fuertes. Aunque sí tiene otras opciones, como huevos sobre tostadas de diferentes tipos (entre ellos los famosos huevos Benedic), sándwiches o bocadillos, ensaladas, comida asiática, frutas… Al ser doble no tiene en ningún momento problema de colas ni de esperas.

Continuamente están retirando los platos y vasos de las mesas y limpiándolas, así pocas veces tuvimos que esperar para conseguir una mesa, o para que nos la prepararan.

Ceremonia del té clásico a las tres de la tarde en el Rotterdam: algo muy curioso y agradable, muy conocido de las películas, pero no por ello menos apetecible de probar. La única pega fue la hora elegida. A pesar de que embarcados cambiamos el horario, y comemos y cenamos prontísimo, las tres de la tarde es demasiado pronto para poder probar bocado. Aún así fui para conocerlo. Las mesas exquisitamente preparadas, con los servicios de plata en mesitas auxiliares, y las diferentes clases de bolsitas de té en cajas pulidas de madera. A la entrada, te ofrecían un plato en el que te podías servir todo tipo de bocados salados como mini-sandwiches, canapés, riñones en salsa, en volovanes… y también de dulces, como pastitas, chocolates, bombones, pastelillos, trozos de diferentes tartas…que luego fueron sirviendo en las mesas. En ellas te ponían también el té elegido en el servicio de plata. Con una bonita vajilla.

No fui capaz más que de probar un par de canapés y el té con una  nube de leche. Me fui y aún seguían pasando fuentes con dulces.Todo delicioso.

Taichi a las 5 de la tarde, en la piscina cubierta, con un extraordinario monitor, que desgraciadamente no hablaba español. También es gratis.

Internet en la biblioteca, hay que mirar los correos. Será uno de los sitios más agradables que encontramos, no ya solo para usar el ordenador, sino para leer, descansar, o mirar el mar desde sus magníficos sillones frente a las enormes cristaleras de suelo a techo.

Verdaderamente el día se pasa volando y hay que arreglarse para cenar. Era día de cena de gala, con lo que por todo el barco te ibas encontrando gente estupendamente vestida.

Nosotros cenamos en el Pinnacle Grill: Es un restaurante no muy grande, ideal para una cena íntima para dos, o de celebración. La vajilla es de Bvlgari, los cubiertos Riedel y la mantelería finísima. Todo un conjunto muy agradable. Se paga suplemento de 10 dólares en la comida y de 25 en la cena.Ejemplo de servicio de mesa en el Pinnacle.

 Cenamos:

-Entrante de gazpacho en vasito de chupito: muy bien presentado, pero nada que ver con nuestro gazpacho; era tomate con algo de pan y chiles, poco batido, con lo que se le notaban todas las semillas y la piel, y picaba mucho.

-Pastel de cangrejo – Salmón ahumado y otra loncha marinado

-Salmón plancha con guarnición de arroz y crema de espinacas

-Filete Mignon con guarnición de setas y cebolla caramelizada

-Creme Brulee de café, vainilla y chocolate (una delicia de postre, no solo para el paladar, sino para la vista).

-Sorbete de mango.

-Botella de vino blanco Reisling, suave, dulce y afrutado.

El restaurante está muy bien puesto, con un excelente servicio, atento, agradable y dispuesto a que te resulte todo perfecto. Nos preguntaron multitud de veces si todo estaba bien, el maître varias veces más y, todos, tenían curiosidad de saber de dónde éramos. Al decirles que de Madrid, siempre la misma contestación: Real Madrid, qué bueno…

El maître es hindú, los camareros mejicanos y, la única chica, muy eficiente, con una sonrisa maravillosa y muy simpática, filipina.

Después fuimos al teatro, había un “Show de canciones Broadway”, que estuvo muy conseguido en música y actuaciones. Sus sillones son muy cómodos.


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Diario de viaje a Alaska. Cruisetour D6T de Holland.

27-5-12 SEWARD: COMIENZA EL CRUCERO EN EL STATENDAM. ¡¡¡ENJOY!!!

ITINERARIO:

Seward; Scenic Cruising College Fjord; Glacier Bay National Park; Haines; Juneau; Ketchikan; Cruising the Inside Passage; Vancouver.Desde el Statendam.

Llovía y estaba el día bastante frío cuándo llegamos para hacer el check-in al barco. Allí mismo nos despedimos de Leah, la directora del tour,  que no nos había acompañado en la excursión por los fiordos, pero que nos esperaba para decirnos adiós. Fue un lujo enorme el tenerla a nuestro lado ya que consiguió hacernos mucho más agradable, si cabía, todo el viaje.

No había nada de cola e hicimos todo muy rápido. A las tres estábamos ya dejando nuestras bolsas de mano en el camarote.

Era el 726, un exterior en la cubierta 4, demasiado baja para nuestra costumbre. www.Hollandcruises.com

Habitualmente nos gusta elegirlo con terraza, pero esta vez se disparaba el precio casi al doble, que el exterior.  Es amplio, tiene una cama muy grande, al fondo bajo la ventana, con dos mesillas a los lados;  un sofá amplio, con un mueble corrido enfrente y sobre él, un espejo que cubre la pared.

En el pasillo de entrada está la puerta del baño y toda una pared de armarios frente a él.

La bañera es de buen tamaño, pero tremendamente alta, no me explico cómo se apañan para entrar en ella la mayor parte del pasaje que es bastante mayor.

Nos fuimos para empezar a recorrer el barco y familiarizarnos con él.

El diario de a bordo que teníamos ya en nuestro camarote, en español, nos sirvió de guía.

El Statendam es un barco, creo, que del 1994, restaurado en el 2000 y al que se le notan un poco los años. No es muy grande, y lo recorrimos rápido.

Tiene bastantes rincones con posibilidad para leer durante el día, y escuchar música en la tarde-noche, ya que algunos tienen música en directo:  Mix Martinis, Mix champán,  Ocean Bar, Spirits & ales, Crow’s Nest, Lido Bar.

La biblioteca, junto a la sala de internet, es grande, cómoda, con muchos libros, y grandes ventanales frente a los que hay sillones reclinables tapizados en piel beige, con reposapiés a juego… más para echar una siesta que para leer. También hay un pequeño bar en ella, el Explorations café: únicamente para pedir cafés, de montones de tipos, fríos o calientes.

Los restaurantes son: el comedor general Rotterdam que ocupa dos plantas con una escalera en el centro que las comunica. El Pinnacle grill, que tiene un suplemento de 10 dólares para comer y 25 para cenar, y algunos días de la semana se convierte en el emblemático Circle. El Lido que es el buffet, dividido en dos zonas enfrentadas e iguales; y junto a él El Canaletto, también de suplemento, y que ofrece un camarero personal. El Terrace Grill en el exterior.

Los turnos de cenas pueden ser de horario libre.

El teatro también de dos plantas, con un decorado francamente bonito, que rememora los cuadros de Van Gogh “Noche estrellada” e “Iris”, con mesitas en una fila delante, sillones mullidos detrás, y sillones de dos plazas el resto.

Culinary Arts: Un centro de artes culinarias presentado por la revista Food&Wine: una sala de conferencias, muy bien preparada para realizar demostraciones de cocina, enseñar recetas, y presentar vinos.

La Galería de Arte con obras valoradas en más de dos millones de dólares.

El Spa; La Joyería; Photo Gallery; Centro médico; Las tiendas; Taller Digital; El gimnasio; El Casino; La piscina, que es cubierta con posibilidad de abrirla.

Fuimos al buffet para merendar algo de fruta que era lo que más nos apetecía después de una semana comiendo poca. Al poco de estar allí llegaron de la tripulación anunciando el “Simulacro de Emergencia”, obligatorio para todos, y durante el que se suspendían todos los servicios. Una vez todos los pasajeros estuvimos reunidos bajo los tenders, pasaban lista por número de camarote y nombres, a la que había que contestar si era el tuyo. El listado se demoró bastante tiempo, y no parecía ser muy idóneo en el caso de una emergencia real.

Nos llegaron las maletas menos una, al camarote a las dos horas de embarcar. Pero la que faltaba no nos llegó hasta las nueve de la noche. Por ello, cenamos en el buffet ya que en vaqueros no se puede entrar en el restaurante.

Después de la cena estuvimos en el teatro. El show era de monólogos y nos resultó aburrido, por lo que nos fuimos pronto.

Dimos un agradable paseo, y nos fuimos a la cama.


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Diario de viaje a Alaska. Cruisetour D6T de Holland

26-5-12 AUTOBÚS CAMINO DE SEWARD. SEWARD.

El viaje (unos 130 km.) fue de unas cuatro horas, en un recorrido maravilloso del Turnagain Arm. Es una carretera escénica, con vistas espectaculares de montañas y del fiordo, en el que se pueden ver Ballenas Beluga. También es fácil ver ovejas de Dall, en las zonas más altas de sus montañas. Tiene unas mareas enormes, por lo que tiene el segundo puesto de América del Norte, tras la Bahía de Fundy, en Canadá.

Turnagain Arm. Alaska.

Paramos a las 13,30h. en Portage, en la desviación hacia el glaciar Portage, a 9 km. de éste. Sentí mucho que no llegásemos al lago Portage, en dónde se cogen los barquitos que te acercan al glaciar. Después de ver a qué hora llegamos a Seward, creo que hubiésemos tenido tiempo de hacerlo.

Holland, debería incluir en éste desplazamiento la posibilidad de hacer la excursión para ver el glaciar Portage.

Paramos en un restaurante en un sitio precioso, rodeado de restos de montones de nieve colocados a los lados del camino. Hacía mucho frío y caía un aguanieve muy desagradable.

El restaurante está en un edificio grande, con una tienda de regalos y recuerdos, enorme, y que no pude ni mirar ya que teníamos programada una parada bastante corta.

 Elegimos menú ayudados por Gerardo y Leticia, el matrimonio mejicano, que nos sirvieron de intérpretes muy amablemente, para no entorpecer la cola que se hizo para pedir menú.

Tomamos un sándwich de pavo y ensalada, y una hamburguesa grande, con patatas fritas, que estaban bastante buenas.

En las ventanas del salón en dónde nos sentamos, había unas cristaleras art decó, muy decorativas, que parecían estar fuera de lugar por el estilo del restaurante, y por el paisaje nevado que las bordeaba.

 

Como es habitual, el conductor-guía del autobús, desde que salimos, hablaba, hablaba, hablaba…

El paisaje siguió siendo espectacular, ahora, con las montañas Chugach nevadas y ríos medio helados.

 

 


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Diario de viaje a Alaska y Canadá 26-5-12. Anchorage

26-5-12 ANCHORAGE.

www.anchorage.net

Tiene la misma latitud que Estocolmo y S. Petersburgo (61º latitud norte). Su economía se basa en el petróleo, el turismo y en dos bases militares cercanas.

Su aeropuerto internacional está a 10 km. del centro, y su base de hidroaviones es la más grande del mundo.

La temperatura en verano es de 13-21ºC, y en invierno desde -7 hasta -15ºC, con mucha nieve. www.español.weather/today-anchorage

En 1964 hubo un terremoto de 9,2º Richter con tsunamis y grandes destrozos por lo que, a partir de entonces, la altura de los edificios está limitada a 21 pisos.

Tiene mucha inmigración desde Asia, Europa Oriental y Latinoamérica.

Está situada en una península rodeada de los montes Chugach, y limitada por el río Ship y el golfo de Cook.

Por la mañana tuvimos tres horas, después de desayunar, para recorrer el down town y un mercadillo cercano al hotel, en dónde había artesanía y puestos de comida. Recorrimos varias manzanas amplias y abiertas, siendo fácil orientarse en la ciudad por la cuadrícula de sus calles en las que llama la atención algunos edificios “art decó” (me encantó el cine Avenue, pintado con colores pastel, que recuerda a los edificios de Miami Beach).

Foto del cine hace muchos años.

 La catedral católica, llamativamente blanca en su exterior…

La  oficina de Información Turística, con un personal, en apariencia, de la tercera edad…

Numerosas tiendas de artesanía y recuerdos, regentados por nativos…

Anchorage me ha gustado, me ha parecido una ciudad muy agradable y siempre la recordaré rodeada de montañas nevadas en cualquier punto al que miraras, que se veían perfectamente en cada cruce de sus anchas calles.

 A las 12 nos subimos al autobús camino de Seward.

La organización del tour por parte de Holland y, desde luego, en lo que concierne a Leah, nuestra directora de tour, continúa siendo efectiva y sin problemas.


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Diario de viaje a Alaska y Canadá. Cruisetour D6T con Holland

 

25-5-12 CAMINO DE ANCHORAGE EN EL MACKINLEY EXPRESS.

El día ha ido empeorando y convirtiéndose en totalmente nublado, con unas nubes muy negras y lluvia intermitente.

 En la estación cogimos de nuevo el McKinley Express, el tren en el que vinimos desde Fairbanks, que tiene los techos de cristal.

Vamos camino de Anchorage y tenemos ocho horas de camino por delante, entre otras cosas, por ser un tren turístico que lleva muy poquita velocidad. De Denali a Anchorage hay 240 millas de distancia.

 En el pequeño bar del vagón, no pararon de servir bebidas (pagando), y llevarlas a los asientos.

De nuevo, el guía-animador  con un micrófono, no paró de hablar de los sitios por los que íbamos pasando, o haciendo algún chiste que todos celebraban con enormes risotadas. Como muestra de su sentido del humor, cuándo el tren se detuvo frente a otro de iguales características, hizo que todos saludaran con el saludo del alce: las manos en las sienes, muy abiertas, y girándolas de un lado a otro, riéndose y haciendo comentarios. Teniendo en cuenta que la edad media del pasaje debe de ser de unos 55 años, nos resultó bastante llamativo.

 El paisaje ha sido impresionante durante la primera hora, hasta que hemos salido totalmente del parque Denali. Una cadena de montañas con nieve en jirones, como si con los dedos las hubieran hecho dibujos de arriba-abajo, y un bosque de piceas, finas, altas y verdes, alternando con zonas con nieve y otras de tundra seca y marrón del frío del invierno, con agua entre ellas, como si fueran zonas pantanosas.

Seguimos el curso del río Matanuska y, poco después, pasamos un cañón no muy profundo, pero llamativo.

En general, el paisaje ha sido de piceas, nieve, montañas nevadas, ríos grises, y nubes densas e impresionantes, o sea, el paisaje que relacionamos con la Alaska de películas y fotos.

Poco a poco fue cambiando, con árboles con hojitas y brotes primaverales, muy verdes, que hace poco debían de ser solo ramas; aunque las montañas nevadas siguen acompañándonos a izquierda y derecha. No sé si serán de la misma cordillera desde Denali, ahora más cercanas.

Comimos en el tren, y de nuevo tardaron mucho en llamarnos por la poca capacidad del restaurante. Pedimos: ensaladas y salmón plancha, con una salsita y verduras rehogadas (el salmón de Alaska, tiene mucho más color que el noruego; es muy naranja). Nos costó 54 dólares.

Hace un día bastante nublado pero, cuando sale el sol, refleja en la cúpula de cristal, a pesar de tener un trozo tintado.

 El animador siguió hablando, hablando, hablando…

 Pasamos por una zona de árboles altos, con hojitas nuevas, y un río con aguas grises y rápidas, de las perfectas para hacer rafting. Alrededor, de nuevo, zonas pantanosas.

Vamos por un territorio salvaje, sin habitantes, no nos habíamos cruzado con ninguna casa o pueblo tres horas después de haber salido.

Continuamos en paralelo a un río con rápidos, en un paisaje que me trajo a la memoria una película de Marilyn Monroe, en que ella se enfrenta, en estas tierras (creo), junto a un padre y su hijo, a montones de adversidades hasta que, al final, se queda con ellos después de superar ataques de todo tipo. Quizás ni siquiera es en Alaska, pero la memoria es así a veces…

(Era la película “Río sin retorno”, con Robert Mitchum y una Marilym maravillosamente joven y guapa,  que no está rodada en Alaska, sino en Canadá, en los Parques Nacionales de Banff y Jasper, en Las Rocosas)

Pasamos por una casa y luego por una cabaña, en las que estaban dos grupos de familias pescando y, los dos, con rifles al hombro, imagino que por los osos.

El río pasó a la derecha y en algunos sitios era bastante ancho.

Leah, nuestra guía nos entregó, como siempre en los traslados de uno a otro punto, el sobre que contenía la información de la siguiente parada, y las llaves del hotel.

También durante el viaje se podía contratar las excursiones que se querían realizar con la naviera.

Nosotros contratamos la del “Crucero por los Fiordos de Kenai” que haríamos en Seward, la última ciudad del tour.

Llegamos a Anchorage a las 8 de la noche. El bus en el que nos llevaron hacia el hotel nos hizo un pequeño city tour,  para que, al día siguiente, nos orientásemos en el poco tiempo que íbamos a tener en la ciudad. Leah, es así de detallista.

Fue lloviendo de vez en cuando a lo largo del viaje, pero en Anchorage no llovía, aunque estaba muy nublado.

El hotel es un gigantesco Hilton. Tiene un edificio rectangular grande y una torre de 22 pisos, muy cerca de la estación del tren, y del mar. Tenemos la habitación 2161, en el piso 21, muy amplia, con una cama muy grande tamaño King, llena de almohadas y cojines;  una mesa de despacho con la TV y una cafetera; y un sillón de orejas, frente a la ventana, que tiene vistas de la estación, el puerto, el mar, y las montañas nevadas al frente.

Y, como siempre, nuestras maletas en la habitación cuándo llegamos a ella.