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El mundo es para recorrerlo, mejor en compañía. Y la vida… también.


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CRUCERO CARIBE CON EL PEARL

 10-11-11 Viernes. COZUMEL.

Muy nuboso y con unos 25º.

 El mar está revuelto, hace bastante aire y con muchas olas en la superficie. Esta noche el barco se ha movido bastante. Parece que por la zona anda algún huracán del que nos llega algo de complicaciones.

 Llegamos a una terminal, que no es la misma del año pasado en la escala que hicimos en éstas fechas, y en la que nos llovió torrencialmente. Hoy el día tiene pinta de que también va a llover.

 Tenemos contratada con el barco una excursión muy especial, y que nos hace mucha ilusión: un paseo en un submarino para ver la barrera de coral que hay aquí mismo, que es la segunda del mundo, después de la de Australia.

Aunque el vídeo es de Aruba, en Cozumel es igual la excursión.

Al volver de desayunar, nos encontramos en la puerta del camarote una nota urgente, en la que nos dicen que por problemas del tiempo se ha suspendido la excursión. Había otra excursión que era en un semisubmarino, que es un barco que tiene una quilla muy profunda con ventanales, que quedan bastante bajo el nivel del mar. Cambiamos la del submarino por ésta, y como no sale hasta las 11,45 nos vamos a pasear y ver tiendas en la terminal marítima, que es como un centro comercial lleno de tiendas y joyerías.

Compramos algún regalito (imanes de nevera) y a las 11,15 nos acercamos al punto de reunión de las excursiones. Allí nos dicen que el mar está fatal, muy revuelto, y han tenido que suspender nuestra excursión y todas las actividades que había dentro de él, como buceo, snorkel…

Salimos hacia la zona de taxis, con la idea de ir a ver las ruinas de San Gervasio, y a alguna playa, que era lo que teníamos pensado hacer al volver del submarino.

Resultaban carísimos. Había que hablar primero con los representantes del sindicato de taxis, que te dirigían al que le tocara según lo que quisieras hacer, y te daban los precios fijos. Nos pidieron 50 dólares, por ida y vuelta a las ruinas, o 13 dólares por ir solo a una playa cercana.

Se nos ocurre sumarnos a un grupo que salía en ése momento para un microbús. Le preguntamos al del sindicato que habla con el conductor y nos une a él. Por 20 dólares/persona, nos llevará a las ruinas, a la playa, una vuelta a la isla, y un poco de shopping. En total 4 horas.

El grupo está formado por 3 chicas mayores; una pareja de americanos, jóvenes, bastante gordos, y con cara de muy simpáticos; y una pareja de color, muy grandes. Con nosotros 9. El chofer, un mejicano, educadísimo y simpático. Uno de nosotros se sienta delante con él.

 Nos lleva al Down town, que es la calle comercial, que parte de la terminal de cruceros. Al poco nos para, y nos da 20’ para compras. Paseamos un poco, compramos algo, y al coche.

Seguimos por toda la zona de la isla paralela al mar, con hoteles y cada vez menos tiendas, y paramos en un monumento dedicado a la mezcla española-maya. Es una pirámide con alguna figura de indios mayas, y un hacendado español a caballo enfrente. Bajamos para fotos.

Después cambia el aspecto de la ciudad. Vamos pasando por la zona en la que vive la gente normal de Cozumel, con casas humildes, otras algo menos, pero en general barrios bastante pobres.

A unos 16 km. del centro está San Gervasio, las ruinas mayas. Curiosamente pagamos la entrada en dos veces, una al entrar, y otra poco más adelante, en total 8 dólares/persona. Nos ven la cámara de vídeo, y tenemos que pagar 4 dólares más por ella. No nos acordábamos de que había que guardarlas en la mochila.

Se nos acerca una joven y nos cuenta que acaba de terminar el curso de guía, y podría acompañarnos para enseñarnos las ruinas, solo por la voluntad. Accedemos a ello y viene con nosotros.

Las ruinas son varios edificios repartidos en una zona de selva, y comunicados entre sí por saches o caminos mayas. Fueron edificios públicos, viviendas, templos… y lugar de peregrinaje de Ixchel, diosa de la fertilidad. Marta, nuestra guía, nos va contando cada uno de ellos.

Lo que había leído de ellas, y lo que en foros comentaban los viajeros, me hacía esperar mucho menos de lo que nos encontramos.

Empezó a llover, con la impresión de que iba a diluviar, pero menos mal que paró pronto.

Después de recorrerlas, de nuevo al coche con el que continuamos el paseo por la isla.

Nos paró en una playa maravillosa y, de momento, bastante salvaje, en dónde no nos atrevimos a bañarnos por lo tremendo que estaba el mar. Nos mojamos los pies, y algo más, pues las olas eran bastante grandes.

Nos dejó de nuevo en la terminal de cruceros, y tras un paseíto por las tiendas nos subimos al barco.

 Merendamos algo en la piscina mientras el barco se alejaba de Cozumel.

 Después estuvimos haciendo fotos a una puesta de sol preciosa y paseando un rato por las tiendas.

 Cenamos en el Sumer Palace:

-Pastel de cangrejo azul. Pequeña minihamburguesa de cangrejo, sobre lechugas. Pero tan sumamente picante, que tuve que dejar la mitad. Es una idea muy buena para hacer en casa, sin picante.

-Crema de calabaza. Exquisita.

-Chuleta de ternera con verduras salteadas y puré de patatas.

-Salmón a la plancha con espinacas rehogadas y puré de patata.

-Helado de chocolate.

-Fruta fresca.

 Por la noche al Stardust Teatre con el Espectáculo ¡Esto es entretenimiento! Celebra el talento de los iconos del showiz, desde Sinatra, Monroe, Elvis y Madonna. Imitadores con canciones en directo, y coreografías estupendas.

Cada vez nos agradan más los espectáculos con musicales y coreografías. El vestuario y la puesta en escena, son inmejorables.

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CRUCERO CARIBE CON EL PEARL

 

9-11-11 OCHO RÍOS (JAMAICA): (De 8 a 4,30 p.m)

Soleado y calor, 31º.

Llegamos a las 8 de la mañana. A las 8,30 ya habíamos desayunado, y desembarcamos.

La primera impresión es de que es una isla montañosa, muy verde, y poco construida, al menos en la zona de Ocho Ríos a dónde hemos llegado.

Hace un calor tipo Sevilla con 40º en Agosto, que te aplasta según caminamos hacia la salida de la terminal de cruceros. En un cartel te indican los precios fijos para desplazarte en taxi o en autobús, y, cercano, hay un quiosco de información de turismo en el que nos dan un mapa de la ciudad, y nos explican que al lado hay un montón de microbuses que te ofrecen ir a los diferentes sitios, e incluso hacer un pequeño tour por la isla.

La impresión que dan es que son “oficiales” pues hay una señora que se encarga de ir llenando microbuses y le da al conductor (que hará de guía), un papel con un sello como justificante del grupo del que se va a encargar.

El conductor nos pregunta si queremos hacer también shopping, snorkel, o alguna cosa más. Le decimos que sólo cataratas. Nuestra idea es ir lo primero a Dunn’s River falls, unas cataratas que forma la desembocadura de un río antes de llegar al mar.

 Esperamos un rato hasta que llena el coche, y vamos para allá. Nos cobra 10 dólares/persona ida y vuelta. Conducen por la izquierda.

Al iniciar camino se enrolla un montón contando cosas (en inglés), que deben ser muy graciosa y se ríen todos; y explicando un poco lo que vamos viendo, que es poco, ya que en menos de 10’ llegamos.

Nos espera otra señora, que sigue contandonos cosas, y, que, afortunadamente, habla algo español, y nos orienta. La entrada vale 20 dólares/persona, hay posibilidad de dejar las mochilas en consignas, en las que hay que pagar 8 dólares, 3 cómo depósito,. Ella nos saca la entrada que resulta ser una pulsera, que nos coloca otra señora (se ve que está bastante repartido para que llegue al mayor número de personas los ingresos del turismo, que parecen ser de lo que vive la mayor parte).

Nos dice que estaremos dos horas, de las cuales entre unas cosas y otras ya ha pasado bastante tiempo. Que la vuelta al barco se hará en el mismo microbús, con lo que en dos horas allí todos.

Nos cuenta que hay guías, y que es mejor cogerlos si queremos hacer el recorrido de las cataratas; pues de eso se trata la excursión: subir las cataratas todos juntos de la mano, y el guía tira, si hace falta, del primero. Hay que darles una propina al terminar, lo que me hace pensar que ya están incluidos en la entrada.

Las cataratas llevan bastante agua, pero casi siempre a ras del suelo. Las piedras por las que baja están desgastadas y con algo de limo, por lo que escurren bastante. Hay que llevar zapatos de playa, de esos de goma para las zonas de coral. Pero si no los has llevado, no hay problema (continua cantinela de todo el mundo desde que hemos desembarcado en Jamaica: “No Problem“), hay puestos en los que te los alquilan.

Dejamos la ropa y las mochilas en las taquillas, y con el bañador y las zapatillas, nos vamos bastante deprisa, escaleras abajo, hasta que llegamos a la playa en la que desemboca el río. Las cataratas tienen unas escaleras más o menos paralelas a ellas, con unos miradores de vez en cuándo, por lo que puedes hacer un recorrido viéndolas y haciendo fotos.

Pero lo estupendo de la excursión es subirlas hasta arriba, intentando escurrirte lo menos posible, y sobre todo no caerte. Siempre tienes la mano del que va delante y del de detrás para ayudarte en un problema.

No es en absoluto, ni peligroso, ni para personas especialmente preparadas y, por lo que pude ver por nuestro grupo, o por mí misma, se sube sin problemas. Y el guía está pendiente en las zonas un poco más difíciles para echarte una mano.

 Dos minutos después de empezar nos fuimos soltando; es más fácil subir ayudándote con las manos en los salientes de roca de más arriba, que llevarlas sujetas con los otros compañeros.

También nos acompaña otro guía con una cámara de vídeo, con la que va grabando al grupo, arengándole para que dé gritos y aspavientos y resulten más divertidas las imágenes. En las pozas en las que el agua te llega al ombligo, coloca a las parejas besándose o dando un grito de alegría, para grabarlas y que resulte simpática la escena; en otras, te hace que te tires de espalda al agua, o por una roca lisa y caigas como desde un tobogán, ¡todo sea por el espectáculo!, y por vender el vídeo (aunque no creo que vendan muchos ya que piden 40 dólares por él).

Poco a poco vas subiendo, y en una hora más o menos llegas al final. Hay zonas que miras desde abajo y piensas que no serás capaz de subir, pero con las “ayudas” de los compañeros, lo consigues.

Es una experiencia estupenda, y las cataratas y la zona en que están, merecen la pena por sí mismas el visitarlas.

Al salir nos enseñan una foto de la aventura, que cogemos, por 8 euros.

Volvimos al puerto con el mismo microbús (nos ofreció llevarnos al centro de la ciudad, por 4 dólares más, pero ya habíamos visto que estaba a 10 minutos andando).

Una vez en el puerto nos dirigimos a la pequeña ciudad, y a la playa que vimos al lado de dónde está el barco, aunque hay que ir un poco más lejos para poder entrar en ella.

 Los primeros edificios que vamos encontrando son pequeños centros comerciales llenos de tiendas de souvenirs y licores, y joyerías con músicos en la puerta para darles ambiente.

Más adelante, van siendo edificios más viejos y descuidados. La mayor parte son tiendas, hamburgueserías, algún bar… En conjunto es un pueblo humilde, con calles descuidadas y no muy limpias. Pasamos por un mercadillo de artesanía, con puestos y casetas pequeños y amontonados, en los que nos ofrecen que miremos y compremos. Hay mucha camiseta, bolsos, vestidos en verde y amarillo (los colores de Jamaica), collares típicos de mercadillo de cualquier sitio, figuras hechas en madera (algunas muy bonitas), y cocos y trozos de ramas de bambú, tallados con diseños geométricos muy llamativos.

Nos alejamos un poco hacia detrás de la calle principal y vemos el verdadero Ocho Ríos en una zona de mercado del pueblo, con bullicio, mucha suciedad y aspecto de un nivel de pobreza bastante acusado.

Nos llama la atención grupos de adolescentes totalmente uniformados que salían de los colegios, cada uno con colores diferentes, que destacaban del desaliño del resto de población.

Son casi todos negros de tez muy oscura, y bastante esbeltos.

 Volvemos a la calle turística, en la que nos hemos ido encontrando muchos mendigos, muy sucios… mancos, cojos, ciegos…

Volvemos sobre nuestros pasos para encontrar la playa cercana al barco. Afortunadamente hay cada vez más nubes y el calor es más soportable, pues en cuánto sale el sol del todo, no resistes lo que quema.

La playa es pública (no acotada por ningún hotel, que debe de ser lo frecuente), pero de pago. Nos cuesta 2,50 dólares por persona. En vez de entrada nos colocan un sello en el dorso de la mano. Hay servicios, duchas y vestuarios, bastante antiguos y no muy bien conservados

La playa no es ninguna maravilla, pero necesitas refrescarte del calor que hace. La arena es muy blanca y fina, pero apenas tiene olas, y con gran cantidad de algas en la orilla, y también dentro.

Tiene algo parecido al césped, y bancos en la orilla, y árboles que dan sombra.

El agua está muy caliente y tiene ese color verde-azul turquesa de playa caribeña, que es tan maravilloso.

El baño nos sabe a gloria.

Nos quedamos un buen rato tranquilamente allí, y luego volvemos hacia el barco entrando en alguno de los centros comerciales que nos vamos encontrando, en los que es todo muy caro.

Empezó a llover bastante llegando al barco, y al poco de estar en él, diluviaba torrencialmente, con una temperatura con la que apetecía, a pesar de ello, bañarse en la piscina y el jacuzzi, y eso fue lo que hice para terminar la tarde.

 Cena en el Sumer Palace:

 -Crema de patatas y puerros. Los puerros, cortados en tiras finísimas, rehogados en sartén y tostaditos, puestos de adorno sobre la crema, que tenía cuadraditos de patata sin pasar.

-Pechuga de pollo, con salsa de soja, sobre arroz blanco, con piña aliñada con pico de gallo, y cacahuetes sobre la pechuga. El pollo muy jugoso, la única pega, lo mucho que picaba la piña, con lo que, al final, picaba todo el plato.

-Lomo asado, con guarnición de lentejas, puré de batata, y chutney de manzana. (La guarnición de lentejas, que muy frecuentemente ponen para la carne, resulta estupenda y original. Otra idea para poner en práctica, en casa).

-Fruta.

-Helado.

 

Paseo por la zona de tiendas.

Oímos música en un par de bares.

El que más nos agrada es el City Bar.


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CRUCERO CARIBE CON EL PEARL.

8-11-11 NAVEGACIÓN:

Amanece un día claro, con buena temperatura, pero un poco de aire. 26º.

 Lo que más apetece es leer en una hamaca, entre sol y sombra, y eso es lo que hacemos.

A pesar del bullicio, nos vamos acostumbrando a éste nuevo ambiente, y poco a poco encontramos nuestro sitio preferido para leer o pasear. Aunque aún echamos de menos el ambiente relajado y educado del Epic.

 Me llama mucho la atención, el que aquí haya menos preocupación por la limpieza de mesas en las zonas de piscina y buffet, y mas relajación de las normas establecidas en ellas. Por ejemplo, se meten en el jacuzzi con vasos o botellas en la mano, e incluso el camarero te ofrece de beber estando allí.

 Vamos viendo que el barco es bastante igual al Jade, con pequeñas diferencias como la configuración del Atrio, en el que hay una pantalla muy grande (en dónde ponen documentales, películas, y que utilizan para las conferencias y subastas de arte), y la situación de las tiendas.

 Cenamos en el Índigo:

-Crema de maíz tostado. Vaya…

-Quiche de tomates secos. Estupenda.

-Cordero asado en filetes finos (rosas en el medio), guarnición de lentejas rehogadas con cebolla y zanahoria. Muy bien.

-Tortellini de setas a los cuatro quesos. Bien.

-Fruta

-Helado de chocolate.

-Vino blanco Chardonnay, de California (un detalle de Jorge Sosa, Maitre). Es un vino bastante normal, sin crianza. Inicialmente huele muy poco, y , en boca, da sensación de poco sabor, como si estuviera aguado.

Según va pasando el rato, los diferentes sorbos te van dando cantidad de matices. Claramente sabe a canela y vainilla, y poco después, se le añade sabor a chocolate. El aroma también va aumentando según se oxigena el vino. Es la primera vez que un vino me sorprende tanto. Aunque no soy ninguna especialista.

 El regalo de esta botella, y otra más de tinto que nos enviaron a la habitación, está provocado por una reclamación que puse esa mañana, por la falta de limpieza de las mesas del buffet y de todas las zonas al aire libre. Retiran inmediatamente todos los platos o vasos, pero no limpian la mesa tras ello, o la limpian solo de lo más gordo, y al sentarse otro pasajero se encuentra con restos de azúcar, pan, huellas mojadas de los vasos… Y es muy desagradable.

También les cuento que en los jacuzzi se mete la gente con botellas o copas, cosa que me parece muy peligrosa.

Me acerqué a la recepción a comentarlo, y coincidió que me atendió maravillosamente el Jefe del Guest Service, brasileño, y que habla perfectamente español. Tomó nota de todo, me dio las gracias, y me dijo que trasladaría todos los temas tanto a la directora del crucero, como al de restauración.

Todo el tiempo, a partir de aquí, nos estuvieron cuidando de maravilla; cada vez que nos encontrábamos con uno de los Directores del barco (al que conocimos en la copa que nos ofrecieron a los pertenecientes al Club Latitudes de NCL, y al que también le comenté el tema de la limpieza), o con el maître en las cenas, nos colmaban de atenciones, y nos preguntaban si necesitábamos algo. Aunque supongo que era solamente por ser estas personas sumamente atentas.

Pero, tengo que confesar que no sirvió de mucho, y las mesas siguieron sin limpiar bien durante el resto del crucero. Veníamos demasiado mal acostumbrados; en el Epic, no habían terminado de retirar los platos de la mesa cuándo estaban limpiándola con spray y bayeta. Aquí la cantidad de empleados es bastante menor, quizás sea por eso.

 Por la noche, espectáculo en el teatro: “Esto es espectáculo“ Canciones y coreografías de canciones famosas. Está maravillosamente preparado, los americanos son estupendos para hacer musicales, y una vez más nos lo demuestran. Disfrutamos un montón.


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CRUCERO POR EL CARIBE CON EL PEARL DE NCL 6-11-11/13-11-11

CRUCERO POR EL CARIBE CON EL PEARL DE NCL (6-11-11/13-11-11)
MIAMI- GRAND STIRRUK KEY(ISLA DE NCL)- NAVEGACIÓN-OCHO RIOS(JAMAICA)-ISLA CAIMÁN-COZUMEL-MIAMI.

6-11-11 DOMINGO, EMBARQUE EN MIAMI:

Hace un día despejado, con un calor húmedo y agobiante. 27º

El taxista que nos lleva desde el hotel, con el que hemos negociado antes de salir, nos lleva por Mc.Artur Causeway, y nos cobra 25 dólares.

Llegamos a las 2 p.m. Los maleteros que nos recogen las maletas nos exigen la propina de malas maneras, son dos negros, cubano-americanos y enormes, de los que paso, y me las tiran al carro que las subirá al barco de malas formas. No sé como NCL permite esas cosas con sus clientes.

 El camarote es exterior 8590, en el centro del barco, que resulta amplio, cómodo y, a pesar de ser visión obstruida, luminoso.

 Paseamos por la zona de la piscina, que ya está llena de gente.

 Nos vamos al buffet, para comer. Cuándo estamos terminando, vienen algunos miembros de la tripulación, anunciando por las mesas que va a empezar el simulacro de salvamento reglamentario. Nos dirigimos a nuestra estación establecida, en dónde poco a poco va llegando más gente. Es el en City bar, en la cubierta 6, que tiene un diseño agradable y sillones muy cómodos. Hay un piano, por lo que me imagino que habrá actuaciones.

Terminamos bastante pronto, y como ahora no hay que llevar los chalecos salvavidas, que son un engorro, rápidamente vamos saliendo.

 Volvemos hacia el camarote, y al llegar, las maletas ya están en la puerta, con la mala suerte de que una tiene rota el asa. Es una maleta nueva que compramos hace 20 días, poco antes de iniciar el transatlántico hacia Miami. En recepción se quedan con ella para intentar arreglarla.

Pasados tres días, nos la devuelven tras ir varias veces a peguntar por ella; pero la maleta está arreglada solamente a medias. Nos cuentan que tendremos que hacer una reclamación, pero directamente a NCL, ya que el barco en sí, no puede indemnizarnos con todo lo que valdría, ya que es una Samsonite. (Un mes después de haber desembarcado, después de haber mandado a NCL la reclamación, ni siquiera nos han respondido…)

 En éste tipo de barcos los camarotes tienen bastante sitio para guardar la ropa y accesorios. Colocamos todas nuestras cosas, sin problema.

 El Pearl, es un barco de la serie Jewel, y casi idéntico al Jade de ésta compañía, que ya conocemos bastante bien pues hemos hecho en él tres cruceros, a Cabo Norte, Mediterráneo y Atlántico.

 Inicialmente hemos tenido un choque con éste barco. Venimos del Epic y de hacer un transatlántico, y aquí con un barco más pequeño, y por el Caribe, el ambiente y el tipo de pasajero es bastante diferente. En aquel era gente con ánimo de descansar, educados y con un ambiente estupendo. En éste, abundan grupos de amigos de entre 30-50 años, con muchas ganas de ruido, música y juerga; con la idea de estar permanentemente en la piscina bebiendo y tomando el sol. La música con ritmo caribeño y muy alta,  nos da idea de que va a ser un crucero de bastante jaleo. Algo así como un Mediterráneo en agosto.

Cenamos en el SUMMER PALACE:

Uno de los dos restaurantes sin cargo adicional. Está decorado como el salón de un palacio de los zares y, en un sitio destacado, hay una gran pintura con la familia del último zar en pleno, cosa que no encuentro de muy buen gusto… Es demasiado rococó, muy grande, y ocupa toda la popa de la cubierta 7. La iluminación es bastante tenue.

Lo bueno de ir solos, es que las mesas para dos personas están al lado de las ventanas, lo que hace más agradable la cena.

Cenamos:

-Crema de alubias rojas. Muy buena, con un aliño que me recuerda al sabor de la morcilla.

-Crema de setas.Bien.

-Salmón plancha, con verduras de wok. El salmón es de todos los pescados que he probado la mejor opción. Esta muy bueno, jugoso y en su punto.

-Rosbif (rosado, perfecto), con puré de patata y verduras.

-Helados

-Fruta.

El menú, por lo que hemos visto, parece ser bastante idéntico a los que hemos tenido en el Epic. Al ser la misma compañía, los tendrán estandarizados para todos sus barcos.

El otro restaurante, el INDIGO, es más informal, está decorado con grandes fotos modernas y con mucho colorido. La iluminación es también muy tenue, casi diría que oscura. Y lo malo, es que allí hace mucho frío.

 También se puede cenar, en el buffet y en 8 restaurantes más. Son los de especialidades (italiana, mejicana, francesa, americana , asiáticas), en los que se paga un suplemento de 10, 15 ó 25 dólares.

Tomamos la copa en el City Bar, escuchando a una cantante melódica con piano, que es estupenda.

Se puede escuchar música con cantantes en directo, desde el mediodía hasta la madrugada, por casi todos los lados: Bar City; Salón Spinnaker; Summer Palace; Crystal Atrium; Bliss Ultra Lounge; Piscina.

7-11-11 NAVEGACIÓN:

 Día soleado, 23º.

Hoy hacíamos escala en la isla de NCL, Great Stirrut Kay, pero comunican (también en español), que por el estado del tiempo es imposible intentar ir hacía allí, por lo que se cambian los planes y el rumbo, y seguimos hacia la próxima escala que será Ocho Ríos, después de otro día de navegación.

Nos da rabia, pues resultaba muy atrayente la idea de estar todo el día en una isla caribeña muy preparada para estar relajado.

 El mar está bastante agitado, y el barco se mueve, aunque sin problema de molestias, ni mareos.

 Pasamos el día paseando para conocer el barco, y leyendo en la piscina, en la que, como nos pareció ayer, está casi todo el barco tomando el sol y bebiendo. La impresión alrededor de la piscina, es un poco agobiante; mires a dónde mires, todo lleno de gente. Pero si te retiras un poco hacia otra parte de la cubierta, encuentras bastantes hamacas libres.

 Hacemos jogging en la pista de paseo, que aquí da la vuelta a todo el barco (en la cubierta 6) y casi siempre al aire libre, que es una delicia.

 La mayor parte del pasaje nos parece que son americanos. Españoles, creemos que muy pocos y vamos identificando algunos de vez en cuándo. Hay un grupo de catalanes.

Por la tarde un rato de gimnasio, que está muy bien equipado, como es habitual en esta compañía.

Cenamos en el buffet:

-Crema de coliflor

-Sopa de noodels con pollo

-Lomo de cerdo asado con salsa al calvados (delicioso)

-Pasta con salsa de queso.

-Fruta

 El buffet del Pearl está bastante bien, es variado y grande, y muy bien organizado con zonas repetidas para que no haya colas.

 Vamos al espectáculo del Theatre: un cuarteto masculino, con voces en directo, que hace un tributo a Frankie Valli & The Four Seasons.

Cantan, entre otras, Sherry, Big Girls Dont’ Cry; Walk Like a Man y Can’t Take My Eyes Off You, canciones “de siempre” que nos emocionaron otra vez y nos encantaron.

El grupo es bueno, aunque resultan un poco sosos.