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Playa de La Herradura


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Almuñécar, Hotel Bahía Tropical y comida en Torremolinos: una semana de vacaciones relajadas

Con septiembre llegó una semana de vacaciones que, como en otras ocasiones, decidimos dedicarla a descansar cerca del mar. Sigue leyendo


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Fin de semana en Torremolinos (III)

Receta de mi amiga Mª José de Torremolinos:

CREMA DE CALABAZA CON FRITOS DE BACALAO:

Rehogar en una cazuela 4 puerros cortados, un kilo de calabaza troceada, un par de patatas, sal y un poco de pimienta. Añadir un litro de agua. Dejar cocer 1/2 hora. Pasarla por la minipimer hasta que quede una crema suave y sedosa. Rectificar de sal.

Los taquitos de bacalao desalado pasarlos por una tempura no muy espesa y freirlos en abundante aceite de oliva hasta dorarlos suavemente, poner sobre un papel de cocina para absorber la grasa.

Servir caliente en cuencos, con una gota de nata sobre la crema de calabaza, y encima de todo varios taquitos de bacalao.


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Fin de semana en Torremolinos (II)

Además de paseos por la playa y pescaíto frito, también hemos disfrutado de ir al cine.

Hemos ido a los cines Yelmo de Plaza Mayor, un lugar de ocio en la zona cercana al aeropuerto (de hecho los aviones casi se tocan cuándo pasan por encima, y se oyen tremendamente). Las dos salas en las que hemos estado están diseñadas bastante bien, de manera que la cabeza de los espectadores de la fila delante de la tuya no te molestan en absoluto, con unos asientos bastante grandes y ergonómicos; aunque para personas de tamaño normalito quizás sean demasiado grandes y no tan cómodos como parecen.

Vimos:

-Intocable: una película francesa, con dos actores geniales, uno que debe llevar el peso de su personaje solamente con su cara y su voz, y otro que consigue darle una réplica magnífica, con un personaje fresco y normal que logra hacerse con la simpatía del espectador, además de tener un cuerpo impresionante, y una boca con una sonrisa y unos dientes llamativos y perfectos.

La película es muy agradable de ver y se disfruta hasta el final.

-El exótico hotel Marigord: Un conjunto de inmejorables actores ingleses, de los de toda la vida, reunidos en una película colorista y original por el lugar en el que discurre: La India.

En ella cada personaje carga con un problema que pretende solucionar o aliviar en el exótico hotel del título.

El guión es realista, está muy bien llevado, y el entorno va tomando cada vez más protagonismo al ir mezclandose con él los personajes. Lógicamente tiene un punto de “película” en las soluciones a la vida de cada uno de los protagonistas.

Nos gustó mucho, y vuelves a pensar alguna que otra vez en ella y en sus situaciones y problemas de la tercera edad.

En el viaje de vuelta a Madrid, paramos a tomar algo en la carretera Bailén-Motril, Km 68, en el Hostal-restaurante A.B Frontera. Lo mejor de la parada fué que había un puesto de fruta y verdura, en el que compramos un saco de patatas buenísimas, tomates raf a 2 euros el kilo, que tienen verdadero sabor a tomate,  unas mandarinas deliciosas, y unos limones verdaderamente recién cogidos del árbol.


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Fin de semana en Torremolinos,Málaga.

Un fin de semana fuera de casa generalmente es estupendo, y si es con amigos a los que hace tiempo que no ves, puede ser redondo.

Hemos estado en Málaga, exáctamente en Torremolinos y. como siempre, hemos paseado, hemos ido al cine, nos hemos relajado y hemos disfrutado de una amiga muy querida. Se puede pedir más?

El tiempo ha sido lo único que no nos ha acompañado demasiado. Ha hecho unos días muy nublados, con un aire molesto y con temperaturas agradables el sábado, y un poco más frescas el domingo.

Torremolinos es un pueblo que hace bastantes años tenía fama de playas de arena negra, estrechas y no muy buenas, repletas de gente, con mucho turísta y cantidad de tiendas, ambiente y espectáculos dirigidos a ellos, y llenos de todos los tópicos conocidos en plan “guiri”. En suma, poco apetecible desde nuestro punto de vista. Por ello hemos estado muchos años sin volver por allí.

Hace seis años, por traslado laboral de nuestra amiga, hemos podido comprobar lo mucho que dista el Torremolinos actual del tópico creado en los años 70. Sus playas fueron reestructuradas y rediseñadas magnifícamente. Son anchas, de arena blanca y fina, con grupos de cesped y palmeras crecidas y bonitas. Su paseo marítimo, arreglado, vistoso, y muy largo, ya que por él se puede caminar hasta Puerto Marina, que pertenece al siguiente pueblo.  A lo largo de él hay pocos hoteles altos, y en ningún momento los edificios están amontonados dando aspecto de relajo y tranquilidad. Y por las zonas en las que me he movido, está cuidado y límpio.

Y una de las mejores cosas que tiene son sus chiringuitos a lo largo del paseo marítimo, todos diseñados con buen gusto, con grandes zonas acristaladas para la temporada otoño-invierno, y zonas muy bien puestas de terraza exterior y hamacas y sombrillas cercanas al agua. Y con su gran tesoro: el pescaíto frito. Fresco, crujiente, y frito en un aceite limpio, que no deja mal sabor u olor.

Los dos días hemos paseado mucho, hemos disfrutado de admirar el mar, aunque estaba revuelto y gris, pero igualmente impresionante. Y hemos comido a base de pescaito frito en dos de sus chiringuitos.

El sábado tomamos el aperitivo en “Casa Antonio”, en la playa, frente a la calle que lleva a las escaleras para subir a la calle San Miguel en la parte alta del pueblo. Allí tomamos unos espetos de sardinas (hechas clavadas en unas cañas y situadas de forma vertical frente a unas brasas, ya en su punto, que llevan encendidas desde primeras horas de la mañana); y una ración de boquerones fritos, supuestamente malagueños (los llamados vitorianos), que estaban muy buenos, pero que no nos parecieron vitorianos ni por el color ni por el tamaño.

El domingo comimos en “Casa Paco”, situado en el paseo marítimo de la playa de la Carihuela, que es la que inicialmente era la zona de los pescadores del pueblo. Pedimos: ensalada de cogollos con melva (es como bonito blanco) y rajas de tomate y cebolleta picada. Unos mejillones al vapor, tíbios y de un tamaño considerable. Una ración de boquerones fritos, pequeños, blancos y crujientes (esta vez sí eran vitorianos). Una rosada frita con salsa ali-oli, fresca y deliciosa. Y unos salmonetes pequeños y dorados. Todo ello tan bien frito que apetecía probar toda la carta.

De postre una milhojas típica de La Carihuela, según nos dijeron, con un hojaldre ligero y laminado, pero que dejaba un regusto a grasa animal desagradable para mi paladar.