Viaja2

El mundo es para recorrerlo, mejor en compañía. Y la vida… también.


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Mañana, en Alaska

Todo llega, y ahora tengo sensación de que se ha pasado el tiempo más rápido de lo que yo esperaba,y que, de momento, tengo todos los datos revueltos en la cabeza, y en un montón de hojas que, obviamente, no me voy a llevar. Seré capaz de recordar todo lo que en cada momento he ido pensando que era una suerte haberlo encontrado en internet?

Seguramente todo será diferente, o igual,  a lo que he ido pensando en todos estos meses que iba a ser el viaje. Pero, desde luego, será especial, ya que será “nuestro viaje”

Ojalá todo nos vaya estupendamente y lo disfrutemos al máximo.

De momento, siguiendo los consejos de mi amiga Maleni, hemos empezado hoy a tomar una aspirina de 100 mg/día. Mañana nos tomaremos otra. Todo con la idea de evitar los problemas de circulación por vuelos de tantas horas.

Tengo apuntada una frase maravillosa, que ahora no recuerdo en dónde la he leído, y que nos viene en éste momento al pelo (sobre todo cuándo me pregunto como se me ha ocurrido pensar en irme a un destino tan lejos y con tantas horas de avión para llegar):

“Hay que perderse para alcanzar destinos inalcanzables, de otro modo, todo el mundo sabría dónde están”

No creo que pueda escribir durante las próximas tres semanas, así que hasta la vista.

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CRUCERO CARIBE CON EL PEARL

 

9-11-11 OCHO RÍOS (JAMAICA): (De 8 a 4,30 p.m)

Soleado y calor, 31º.

Llegamos a las 8 de la mañana. A las 8,30 ya habíamos desayunado, y desembarcamos.

La primera impresión es de que es una isla montañosa, muy verde, y poco construida, al menos en la zona de Ocho Ríos a dónde hemos llegado.

Hace un calor tipo Sevilla con 40º en Agosto, que te aplasta según caminamos hacia la salida de la terminal de cruceros. En un cartel te indican los precios fijos para desplazarte en taxi o en autobús, y, cercano, hay un quiosco de información de turismo en el que nos dan un mapa de la ciudad, y nos explican que al lado hay un montón de microbuses que te ofrecen ir a los diferentes sitios, e incluso hacer un pequeño tour por la isla.

La impresión que dan es que son “oficiales” pues hay una señora que se encarga de ir llenando microbuses y le da al conductor (que hará de guía), un papel con un sello como justificante del grupo del que se va a encargar.

El conductor nos pregunta si queremos hacer también shopping, snorkel, o alguna cosa más. Le decimos que sólo cataratas. Nuestra idea es ir lo primero a Dunn’s River falls, unas cataratas que forma la desembocadura de un río antes de llegar al mar.

 Esperamos un rato hasta que llena el coche, y vamos para allá. Nos cobra 10 dólares/persona ida y vuelta. Conducen por la izquierda.

Al iniciar camino se enrolla un montón contando cosas (en inglés), que deben ser muy graciosa y se ríen todos; y explicando un poco lo que vamos viendo, que es poco, ya que en menos de 10’ llegamos.

Nos espera otra señora, que sigue contandonos cosas, y, que, afortunadamente, habla algo español, y nos orienta. La entrada vale 20 dólares/persona, hay posibilidad de dejar las mochilas en consignas, en las que hay que pagar 8 dólares, 3 cómo depósito,. Ella nos saca la entrada que resulta ser una pulsera, que nos coloca otra señora (se ve que está bastante repartido para que llegue al mayor número de personas los ingresos del turismo, que parecen ser de lo que vive la mayor parte).

Nos dice que estaremos dos horas, de las cuales entre unas cosas y otras ya ha pasado bastante tiempo. Que la vuelta al barco se hará en el mismo microbús, con lo que en dos horas allí todos.

Nos cuenta que hay guías, y que es mejor cogerlos si queremos hacer el recorrido de las cataratas; pues de eso se trata la excursión: subir las cataratas todos juntos de la mano, y el guía tira, si hace falta, del primero. Hay que darles una propina al terminar, lo que me hace pensar que ya están incluidos en la entrada.

Las cataratas llevan bastante agua, pero casi siempre a ras del suelo. Las piedras por las que baja están desgastadas y con algo de limo, por lo que escurren bastante. Hay que llevar zapatos de playa, de esos de goma para las zonas de coral. Pero si no los has llevado, no hay problema (continua cantinela de todo el mundo desde que hemos desembarcado en Jamaica: “No Problem“), hay puestos en los que te los alquilan.

Dejamos la ropa y las mochilas en las taquillas, y con el bañador y las zapatillas, nos vamos bastante deprisa, escaleras abajo, hasta que llegamos a la playa en la que desemboca el río. Las cataratas tienen unas escaleras más o menos paralelas a ellas, con unos miradores de vez en cuándo, por lo que puedes hacer un recorrido viéndolas y haciendo fotos.

Pero lo estupendo de la excursión es subirlas hasta arriba, intentando escurrirte lo menos posible, y sobre todo no caerte. Siempre tienes la mano del que va delante y del de detrás para ayudarte en un problema.

No es en absoluto, ni peligroso, ni para personas especialmente preparadas y, por lo que pude ver por nuestro grupo, o por mí misma, se sube sin problemas. Y el guía está pendiente en las zonas un poco más difíciles para echarte una mano.

 Dos minutos después de empezar nos fuimos soltando; es más fácil subir ayudándote con las manos en los salientes de roca de más arriba, que llevarlas sujetas con los otros compañeros.

También nos acompaña otro guía con una cámara de vídeo, con la que va grabando al grupo, arengándole para que dé gritos y aspavientos y resulten más divertidas las imágenes. En las pozas en las que el agua te llega al ombligo, coloca a las parejas besándose o dando un grito de alegría, para grabarlas y que resulte simpática la escena; en otras, te hace que te tires de espalda al agua, o por una roca lisa y caigas como desde un tobogán, ¡todo sea por el espectáculo!, y por vender el vídeo (aunque no creo que vendan muchos ya que piden 40 dólares por él).

Poco a poco vas subiendo, y en una hora más o menos llegas al final. Hay zonas que miras desde abajo y piensas que no serás capaz de subir, pero con las “ayudas” de los compañeros, lo consigues.

Es una experiencia estupenda, y las cataratas y la zona en que están, merecen la pena por sí mismas el visitarlas.

Al salir nos enseñan una foto de la aventura, que cogemos, por 8 euros.

Volvimos al puerto con el mismo microbús (nos ofreció llevarnos al centro de la ciudad, por 4 dólares más, pero ya habíamos visto que estaba a 10 minutos andando).

Una vez en el puerto nos dirigimos a la pequeña ciudad, y a la playa que vimos al lado de dónde está el barco, aunque hay que ir un poco más lejos para poder entrar en ella.

 Los primeros edificios que vamos encontrando son pequeños centros comerciales llenos de tiendas de souvenirs y licores, y joyerías con músicos en la puerta para darles ambiente.

Más adelante, van siendo edificios más viejos y descuidados. La mayor parte son tiendas, hamburgueserías, algún bar… En conjunto es un pueblo humilde, con calles descuidadas y no muy limpias. Pasamos por un mercadillo de artesanía, con puestos y casetas pequeños y amontonados, en los que nos ofrecen que miremos y compremos. Hay mucha camiseta, bolsos, vestidos en verde y amarillo (los colores de Jamaica), collares típicos de mercadillo de cualquier sitio, figuras hechas en madera (algunas muy bonitas), y cocos y trozos de ramas de bambú, tallados con diseños geométricos muy llamativos.

Nos alejamos un poco hacia detrás de la calle principal y vemos el verdadero Ocho Ríos en una zona de mercado del pueblo, con bullicio, mucha suciedad y aspecto de un nivel de pobreza bastante acusado.

Nos llama la atención grupos de adolescentes totalmente uniformados que salían de los colegios, cada uno con colores diferentes, que destacaban del desaliño del resto de población.

Son casi todos negros de tez muy oscura, y bastante esbeltos.

 Volvemos a la calle turística, en la que nos hemos ido encontrando muchos mendigos, muy sucios… mancos, cojos, ciegos…

Volvemos sobre nuestros pasos para encontrar la playa cercana al barco. Afortunadamente hay cada vez más nubes y el calor es más soportable, pues en cuánto sale el sol del todo, no resistes lo que quema.

La playa es pública (no acotada por ningún hotel, que debe de ser lo frecuente), pero de pago. Nos cuesta 2,50 dólares por persona. En vez de entrada nos colocan un sello en el dorso de la mano. Hay servicios, duchas y vestuarios, bastante antiguos y no muy bien conservados

La playa no es ninguna maravilla, pero necesitas refrescarte del calor que hace. La arena es muy blanca y fina, pero apenas tiene olas, y con gran cantidad de algas en la orilla, y también dentro.

Tiene algo parecido al césped, y bancos en la orilla, y árboles que dan sombra.

El agua está muy caliente y tiene ese color verde-azul turquesa de playa caribeña, que es tan maravilloso.

El baño nos sabe a gloria.

Nos quedamos un buen rato tranquilamente allí, y luego volvemos hacia el barco entrando en alguno de los centros comerciales que nos vamos encontrando, en los que es todo muy caro.

Empezó a llover bastante llegando al barco, y al poco de estar en él, diluviaba torrencialmente, con una temperatura con la que apetecía, a pesar de ello, bañarse en la piscina y el jacuzzi, y eso fue lo que hice para terminar la tarde.

 Cena en el Sumer Palace:

 -Crema de patatas y puerros. Los puerros, cortados en tiras finísimas, rehogados en sartén y tostaditos, puestos de adorno sobre la crema, que tenía cuadraditos de patata sin pasar.

-Pechuga de pollo, con salsa de soja, sobre arroz blanco, con piña aliñada con pico de gallo, y cacahuetes sobre la pechuga. El pollo muy jugoso, la única pega, lo mucho que picaba la piña, con lo que, al final, picaba todo el plato.

-Lomo asado, con guarnición de lentejas, puré de batata, y chutney de manzana. (La guarnición de lentejas, que muy frecuentemente ponen para la carne, resulta estupenda y original. Otra idea para poner en práctica, en casa).

-Fruta.

-Helado.

 

Paseo por la zona de tiendas.

Oímos música en un par de bares.

El que más nos agrada es el City Bar.


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DÍAS DE NAVEGACIÓN

30-10-11. DOMINGO. DÍA DE NAVEGACIÓN (6º)

Amanece un día maravilloso, con muchas nubes pero con un sol estupendo. Hace incluso calor. 27º.

Desayunando, de pronto, una nube inmensa ha cubierto el barco, y en cinco minutos ha caído una tormenta tropical impresionante, con una cantidad de agua espantosa. El mar está perfecto, el barco no se mueve apenas, y al comenzar a llover pensé si eso sería el empiece de otro temporal pero, afortunadamente, en cinco minutos, de nuevo el sol ha llenado todo.

En la pista de jogging ha hecho mucho calor y con los humos y olores que salen a ella, me ha costado terminar la caminata mañanera.

Está situada en la cubierta 7, y tiene un problema tremendo de diseño. Ocupa todo el lateral del barco, aunque no en todo su largo. Están colgados los tenders sobre ella, lo que hace que esté prácticamente cerrada, excepto unos grandes ventanales en el centro, en los que hay barandilla y puedes acodarte a mirar el mar. Éste es el único sitio del barco, junto a su zona gemela en estribor , en los que puedes hacerlo. En el resto, puedes ver el mar, pero con mamparas de cristal altas.

Pero el problema al que me refiero no es ese. A esa cubierta van a salir todos las rejillas de cocinas y aire acondicionado, con lo que según vas corriendo te van dando bocanadas de aire caliente, olores de comida, y a veces incluso de humo de gas-oil.

Ni quién lo ha diseñado, ni los jefes de la compañía, han debido de probar lo horrible que resulta el ir corriendo, o caminando deprisa y, además, ahogándote con humos y olores, nada agradables.

El año pasado, ya puse una nota de reclamación por ello, y me dijeron que era un problema de diseño, con difícil arreglo… Con muy buenas palabras, eso sí, y una invitación de una botella de vino para la cena, por haber tardado en responderme.

En el Atrio había una demostración de cocina italiana y estuvimos allí, aunque como ya es bastante conocida, no aprendimos nada especial.

La cantidad de actividades a lo largo del día es muy numerosa. Tienes opción de charlas y conferencias de los más variados temas: arte, salud, ejercicios físicos, cocina, piedras preciosas, preparación de próximas escalas, presentación de nuevos barcos y puertos; en fin para todos los gustos. Aunque, solamente en inglés, y el mío es tan escaso, que me entero de cosas con muchas lagunas. Pero, para quién domine el idioma, se puede pasar muy buenos ratos y de paso, aprender cosas nuevas.

El día sigue cada vez mejor de sol y temperatura. Hemos disfrutado de piscina, jacuzzi y lectura en una hamaca, con lo que la sensación de vacaciones, es verdaderamente agradable.

A pesar de los 4200 pasajeros, el tamaño y diseño de la zona de piscinas, es tan grande y acertado, que siempre, hay hamacas vacías. Nunca pensé que pudiera ser así en un día de navegación, con buen tiempo, y en el que todo el mundo esta en esas zonas. Hay tantos sitios con hamacas, y tan amplios, que nunca tienes problema para encontrar tu rincón favorito de lectura, o para tomar el sol.

Comida en el buffet.

Por la tarde vamos al gimnasio más pronto de lo habitual, hay un concierto de Pavarotti en el SpaceH2O a las siete de la tarde, y tenemos que correr para llegar a tiempo.

Resultó estupendo, aunque el vídeo era bastante antiguo.

Cena en el buffet, para intentar hacerla un poco más ligera de lo habitual. Mi estomago ha protestado un poco.

Copa en el MALTIS con la actuación de la cantante con la guitarra, que tiene una voz preciosa.

Después un rato en el BLISS, la discoteca, en la que había Karaoke. Me sorprendió la cantidad de gente que estaba dispuesta a cantar en público. 

31-10-11. LUNES. DIA DE NAVEGACIÓN (7º) HALLOWEEN.

De nuevo aparece un día maravilloso. Alguna nube, y el mar un poco más revuelto, pero apenas si se mueve el barco. Una temperatura tan buena, que al abrir la terraza por la mañana te da una bofetada de calor increíble. 29º.

Todo el barco aparece adornado con globos, dibujos, y colgaduras. En el buffet, además hay varios centros de calabazas de diferentes tamaños y formas, alrededor de una muy grande y redonda, vaciada, y recortados boca y ojos. Muy típicas americanas.

Después de desayunar seguimos explorando el barco, está vez por las zonas deportivas que hay en la cubierta 17, en la que hay una cancha de baloncesto, que dicen tiene las medidas de una reglamentaria. También una cama elástica, y algún aparato más de deporte-entretenimiento. Realmente impresionante las dimensiones.

Nos ponemos el bañador, y a disfrutar del día a la zona de la piscina.

Allí hacen una demostración de esculturas de hielo, que es espectacular, sobre todo por el tamaño de las mismas, de casi un metro de altas.

Hay tres toboganes, verdaderamente altos. Dos, el verde y el morado, en los que se tiran, estirados y sin ningún apoyo, y el grande, que es amarillo, en el que hay que tirarse semi-sentado sobre un flotador enorme.

Me da una envidia tremenda ver a la gente que se tira, y no consigo reunir la suficiente decisión para hacerlo yo. Desde arriba baja con un par de grandes curvas, y va a salir a una zona descubierta que es como un gran embudo, en la que se da varias vueltas por la inercia de la velocidad a la que bajas hasta entrar por un agujero a otro trozo de tubo cerrado, corto, y ya cuestabajo, para salir a un trozo horizontal y abierto, que es el final, y en el que hay un monitor, para ayudarte si es necesario, ya que el agua que baja a la vez, levanta una ola al llegar que te envuelve y quedas un poco desorientado. Le das el flotador a la primera persona que espera, que sube los tres pisos para tirarse.

Al final me he decidido a probar el morado, el más pequeño. Es genial, me he tirado 3 veces, y cada vez mejor; lo malo es que cada cierto espacio hay una unión con una junta atornillada por fuera, y, por dentro, se va notando según pasas por ellas que te araña un poco.

El verde me han dicho que con tantas vueltas y revueltas produce un poco de vértigo.

Hemos comido en el bufett, porque afuera en la piscina hace un bochorno asfixiante, y 29 grados.

Lectura en las tumbonas de la piscina. Quién puede imaginarse que ahora, en Madrid, estarán ya con frío, y casi de noche.

Gimnasio por la tarde.

A las 8, espectáculo en el teatro de Estephen Sorrentino, un imitador y sohwman de Las Vegas, bastante bueno, con montones de voces muy bien conseguidas. Canta con buena voz y toca un buen número de instrumentos. La pena es que habla mucho, y si no dominas inglés, te quedas muy a medias. En conjunto, entretenido.

Cenamos en el Manhattan, amenizados por Manhattan Motown Cabaret, un grupo de voces estupendas, que nos han hecho la cena aún más agradable. (Tanto en Manhatan como en el Taste, tienen una zona central en la que, a lo largo de las cenas, tocan el grupo Manhattan, o algún cantante con piano).

Cenamos:

-Ensalada de rúcula, con manzanas, nueces y queso azul.

-Sopa de buey.

-Bacalao a la plancha sobre risotto y verduras de wok, (El risotto, como otras veces, estaba demasiado fuerte de sabor).

-Canelón de setas y espinacas, con queso y salsa de tomate natural frito.(Un canelón enorme, de una pasta demasiado gruesa, exageradamente cubierto de una loncha de queso, y gratinado. El relleno de espinacas con setas y, también, con queso. Le sobraba tanto queso, sobre todo el de arriba, y el tomate le hacia un plato muy fuerte. A mi no me gustó)

-Sorbete de lima y helado de vainilla.

Ha sido la primera noche que no nos ha gustado la elección que hemos hecho para la cena.

 

Copa en el Shakers Martini Bar, con el cantante al piano, muy bueno. Canta canciones de los 70-90, mucho Queens, y Elton John. Estuvo algún día turnándose con uno de los que hacen el show de “duelo de pianos” en el Headliners, pero que nos gustó menos.

Después, fuimos al concurso de disfraces del H20, que estaba decorado terroríficamente, y en dónde estaba medio barco bailando. Había mucha gente disfrazada. Si te apuntabas con los de animación, te maquillaban, te daban un disfraz, y te metían en un grupo para competir. Resultó muy animado.

Es curioso que ya hemos vivido en el Epic dos fiestas muy americanas. El año pasado Día de Acción de Gracias, que fue algo así como una fiesta grande, una Navidad más o menos. Y éste año Halloween.

 

Curiosidades del Diario de a bordo:

-El Epic tiene 6 líneas de bolos: 3 en el O’Sheehan’s, y 3 en el Bliss Ultra Longe.

-El oceáno Atlántico es el 2º más grande del mundo y cubre aproximadamente 20% de la superficie terrestre.

-La cresta central del Atlántico separa éste océano en dos canales. La parte de Puerto Rico en el Atántico Norte es el canal más profundo con 8.605 metros.


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CRUCEROS TRANSATLÁNTICO Y CARIBE. 22 DE OCTUBRE/13 DE NOVIEMBRE DE 2011

22/10/11 SÁBADO. MADRID-BARCELONA

Nuestro crucero sale desde Barcelona, y por tanto, el viaje comienza en Madrid cogiendo el AVE que en poco tiempo nos dejará allí.

Salimos de casa tan justos de tiempo que llegamos a Atocha a las 16,20, cuándo el AVE salía a las 16,30. Lo peor fue cuándo al salir del ascensor, ya para pasar el control de entrada del tren, me doy cuenta de que me falta una maleta que nos hemos dejado en el coche. A pesar del horror y los nervios, conseguimos llamar a mi hija, que se ha quedado en la puerta de la estación por si no llegábamos al tren y nos volvíamos y, después de llamarla al móvil, salgo volando y consigo la maleta. Entro de nuevo en la estación y consigo llegar al control de maletas, por el que pasamos a menos dos minutos de la hora; desde allí llamaron al tren para que supieran que habían llegado más viajeros, y corriendo conseguimos llegar a él instantes antes de que comience a andar. ¡Empezamos bien el viaje!, o quizás, lo empezamos de maravilla, pues podríamos habernos quedado en tierra y no ha sido así.

En menos de tres horas estamos en Barcelona, en dónde haremos noche.

 

TRANSATLÁNTICO CON EL EPIC: BARCELONA- 3DÍAS DE NAVEGACIÓN- PONTA DELGADA (AZORES)- 5 DÍAS DE NAVEGACIÓN- ST. THOMAS (USVI, EE.UU)- 2 DÍAS DE NAVEGACIÓN- MIAMI.

 

23-10-11 DOMINGO. EMBARQUE EN BARCELONA.

A la mañana siguiente, llegamos al puerto a embarcar sobre las 13,30 para no encontrarnos colas, pero nos recogen las maletas y no nos dicen que la ESTA, el documento para entrar en EEUU, hay que enseñarlo para hacer los trámites de embarque, y yo lo llevo dentro de la mía.

A pesar de que tienen un dispositivo montado estupendamente para volver a reimprimir el documento en casos parecidos, o, incluso para sacarlo si no lo has hecho antes, “una jefecilla” a la que le preguntan (española, catalana, y no sé si trabajadora de NCL o del puerto de Barcelona), decide que se dé orden de que nos vuelvan a traer las maletas, que ya están siguiendo el camino para pasar el control de policía y subir al barco.

Nos sentamos a esperar y, tras una hora, y ya desesperados, vuelvo a insistir y, afortunadamente, la persona que nos atiende nos indica que hagamos la cola para reimprimir el papel. Ya había poca gente en ella, y en un cuarto de hora tenemos la ESTA y hecho el embarque, con foto, tarjeta y todo, con lo que nos encaminamos al barco.

Es el EPIC, que ya conocemos del Caribe del año pasado, el segundo barco más grande, de momento, con 4200 pasajeros; un monstruo muy reciente, pues está estrenado en el 2010, en el que estuvimos muy bien en nuestro anterior viaje, y en el que no tuvimos ningún problema de colas ni de agobio de gente; cosa que en barcos más pequeños sí nos ha pasado.

Esta vez nadie nos recibe con copa de champán como ha sido siempre, pero nos vamos directamente hacia nuestro camarote, que es el 13041, en la cubierta 13, en proa y estribor; y enfrente del camarote del año pasado, que era el 13028, en babor.

Como habíamos embarcado tan tarde, nuestra primera intención, que era comer algo, tuvimos que desecharla porque eran las cuarto menos cuarto y el simulacro de salvamento era a las cuatro, con lo que todos los bares y restaurantes estaban cerrados y las bandejas retiradas.

Vamos dando un paseo hacia la estación de reunión que nos corresponde, que es la A, en el BLISS, la discoteca del barco. Poco a poco se va llenando y cuentan el simulacro en inglés y alemán solamente (posteriormente nos enteramos que hubo un problema técnico, y no se oyó en más idiomas). El año pasado también lo contaron en español y en francés, pero como ya nos sabemos de memoria lo que dicen, no nos importa. En cuánto acaban de hablar salimos todos disparados, nosotros de los primeros, pues el hambre apretaba y el estomago llevaba un rato protestando; al fin y al cabo eran casi las cinco de la tarde y, desde el desayuno a las 9,30, ya habían pasado muchas horas.

Comimos en la piscina, con un poco de lluvia de vez en cuándo y muy nublado.

Dejamos Barcelona con aspecto de ir a caerle un buen temporal encima, y nos fuimos al camarote para deshacer las maletas; otra de las cosas que odio, detrás de la de hacerlas.

El CAMAROTE es bastante pequeño. Han querido hacerlo de diseño, y en mi opinión lo que más han conseguido es sacar metros para hacer más cantidad de ellos. Las paredes y los muebles son curvos, en forma de S, con lo que la cama está colocada en la zona que se mete, y el sofá adaptado a la curva que sobresale. Pero la cama es tan corta que a los americanos altos y anchos de los que tanto hay en el barco, deben salírseles los pies casi desde las rodillas. El baño, como espacio independiente no existe. Al entrar te encuentras, a la izqda, un bloque curvo y cerrado con puertas de cristal que es la ducha, y a la dcha, otro, mas rectangular, que es el water. Esta zona tiene una cortina de cortesía que la separa del resto, que está inmediatamente a continuación. La cama con un cabecero forrado de piel sintética y unas pequeñas estanterías a los lados, en las que apenas caben unas gafas, que son las mesillas de noche.

El sofá, prácticamente pegado a la cama, con dos cajones bajo él para meter la ropa en caso de que se utilice como sofá-cama y, al lado, las cristaleras de la terraza, que tiene un tamaño estupendo y dos sillones y una pequeña mesita.

En el lado de enfrente, el lavabo, muy pequeño, de forma ovoidal y sobre un mueble, con un departamento abajo para toallas usadas y, sobre él, un armario para cosméticos y accesorios, con espejo. Continúa con una balda con puertas bajo ella para guardar cosas, y el mini frigorífico y, sobre él, un armario que tiene tres baldas, una de ellas con la caja fuerte. El armario con la barra para colgar ropa, y abajo los chalecos salvavidas, y, en nuestro caso, una cortina que oculta la puerta de comunicación con el camarote de al lado, ya que son de los que se pueden conectar.

En resumen muy poca zona para guardar ropa y objetos.

Menos mal que los hombres llevan menos cosas que nosotras, que si hubiésemos llevado los dos la misma cantidad, la hubiésemos tenido que dejar sin guardar encima de la balda frente a la cama, o encima del sofá.

De todas formas, en cuánto consigues colocarlo todo, te das cuenta de que es más cómodo, de la impresión que da al entrar y que el tener los espacios del baño independientes, es muy práctico.

Por la tarde, paseos de reconocimiento del barco, y cena en el buffet, ya que al haber comido tan tarde no teníamos mucha hambre.

Las camas y las almohadas de NCL, hasta ahora, han sido para mí una maravilla. No he encontrado otro hotel, o compañía de cruceros, en los que me hayan resultado tan cómodas, y eso que soy bastante difícil de contentar en éste sentido, por un problema de salud. Sin embargo, inexplicablemente, ésta cama no me ha resultado igual de buena, y ni siquiera las almohadas lo han conseguido. A lo mejor el año que ha pasado desde mi anterior visita las ha deteriorado mucho, o, a lo mejor, yo estoy más dolorida ésta vez.

El caso es que le pregunté al camarero de planta por la posibilidad de que no tuviera el colchoncillo que suelen tener siempre sobre el colchón, y, como no me entendía del todo, por teléfono me pasó a otro compañero sudamericano, al que le expliqué mi problema de dolores de cadera, y me envió un accesorio de látex, para ponerlo sobre el colchón, que es como una plancha con forma de huevera gigante. De momento parece que está siendo efectiva y, sobre todo es de agradecer a NCL, el detalle de llevar estos accesorios.

Aunque no es de extrañar que lo haga ya que el termino medio de edad que hay en éste crucero es de unos 56 años, y hay americanos increíblemente mayores con andadores, cochecitos eléctricos y sillas de ruedas, que ya hemos visto en todo tipo de cruceros anteriores, pero que en éste te parece admirable por la cantidad de días que hay de navegación y en alta mar. Claro que, 14 días de vacaciones en octubre, no es fácil que gente con otras edades y niños en colegios, pueda coger fácilmente.


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Pasando el verano.

Poco a poco van pasando los días y se va acercando las segunda parte de nuestras vacaciones, aunque habrá que esperar hasta septiembre.

Junio y el crucero al Báltico, cada día quedan más lejos y, casi, ni me acuerdo de lo maravilloso que resultó.

Ahora queremos ir a Galicia, hace dos años que no vamos por allí, y nuestra morriña de Muros empieza a notarse. Éste año estoy mirando otro sitio que la casa de siempre. Nos apetece que esté más cerca de la playa.

Estamos empezando a diseñar nuestro próximo crucero. Al final entre Alaska, Canadá y la costa este, y un transatlántico, nos hemos decidido por éste último. Todas las navieras tiene algún barco que en su reposicionamiento cruza el atlántico. Habrá que mirar a fondo escalas-tiempo- precios para pensar por cuál nos decidimos.